viernes, 11 de septiembre de 2020

La caricatura periodística y Eduardo del Río (Rius). Por: Chuy Arévalo Zarco

 

 

 

 

 

 

 

L A   C A R I C A T U R A    P E R I O D Í S T I C A   

 

E N    M É X I C O  Y

 

E D U A R D O   D E L    R Í O   ( R I U S )

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

L A   C A R I C A T U R A    P E R I O D Í S T I C A

 

E N    M É X I C O  Y

 

POR:

Jesús Arévalo Zarco


E D U A R D O   D E L    R Í O   ( R I U S )

 

PRIMERA EDICIÓN,
Año 2000

 


 

 

 


     A todos los periodistas que por sus trabajos han sido perseguidos y asesinados por conveniencias de políticos y gente que quiere tener buena apariencia ante la sociedad.

 


 

     A Mariana Arévalo, mi hermana para que éste le ayude a encontrar su vocación y que le ayude a entender que el periodismo es una carrera de muchas satisfacciones y de mucho riesgo.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AGRADECIMIENTOS:

 

     A mis padres por haberme ayudado a tener una buena educación y así hacerme más fácil mi propia superación y la realización de mi vida.

 

     A Jesús Arévalo Amezcua, mi papá y mi asesor, quien me orientó en muchos aspectos para la elaboración de este trabajo, además de que escribió el prólogo del presente trabajo.

 

    Al profesor J. Carmen por el apoyo brindado y por habernos encomendado esta agradable e interesante tarea, ya que durante la elaboración de esta obra he tenido muchas satisfacciones al saber que estoy culturizándome, además de aprender a redactar y de conocer el proceso de la elaboración de un libro.

 

     A mis amigos y a mi hermano por el apoyo brindado, siempre que necesité alguna opinión o consejo estuvieron ellos presentes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

L A   C A R I C A T U R A    P E R I O D Í S T I C A    E N    M É X I C O  Y

E D U A R D O   D E L    R Í O   ( R I U S )

 

PRÓLOGO                                                                              6

 

INTRODUCCIÓN                                                                     8

 

CAPÍTULO I                   LA CARICATURA PERIODÍSTICA.

                    1.1 ¿Qué es la caricatura periodística?                          11

                    1.2 Inicios de la caricatura.                                            17

                    1.3 El periodismo en la revolución.                                 22

 

CAPÍTULO II               HISTORIA DE LA CARICATURA PERIODÍSTICA                                2.1 El periodismo en la colonia                                       25

                    2.3 La caricatura periodística durante la revolución.    27

 

CAPÍTULO III                La caricatura en las últimas dos décadas.

                    3.1 Los siete maestros de la caricatura periodística.     31

                    3.2 El Gran Quezadilla (datos de Abel Quezada).          34

                    3.3 Datos de Oscar Conti (Oski).                                     35

                    3.4 Alberto Huici.                                                            36

 

CAPÍTULO IV              EDUARDO DEL RÍO (RIUS)

                    4.1 Datos biográficos de Rius.

                              4.1.1 Sus primeros años de vida.                          40

                              4.1.2 Sus años mozos.                                           43

                              4.1.3 Sus años maduros.                                      47

                    4.2 Los modelos e influencias que tomó Rius.               50

                    4.3 Sus primeros trabajos como caricaturista.              52

                   

 

CAPÍTULO V               RIUS ANTE LA IGLESIA

                    5.1 Por qué se hizo “ateo”.                                              57

                   

CAPÍTULO VI                SUS IDEAS SOBRE EL CAPITALISMO.

                    6.1 Por qué se hizo comunista.                                       65

                    6.2 Cuba, la que cambió su vida.                                   74

                    6.3 Una polémica Cubana.                                             83

                     

 

CAPÍTULO VII               SU OPINIÓN SOBRE LA COMIDA.

                    7.1 Por qué se hizo vegetariano.                                     88

                   

 

CAPÍTULO VIII             OTRAS OBRAS DE RIUS.

                    8.1 Obras de Rius.                                                 91

                    8.2 Libros y más libros.                                                   96

         

BIBLIOGRAFÍA                                                                       99

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

 

    

     Que tal, me llamo Jesús Arévalo, y podría hablar mil maravillas acerca del autor de esta obra ya que no es sólo una coincidencia el que nuestros nombres sean iguales, el autor de este libro es mi hijo. Así que procuraré ser objetivo y concentraré mis aseveraciones únicamente en el trabajo en cuestión, dejando a un lado de este prólogo lo que guardo en el corazón…

 

 

     Cuando se me encargó ser asesor de un trabajo para Jesús sobre su materia de Taller de Lectura y Redacción, en un principio, debo confesar; no le di mucha importancia. Me imaginé que sería un trabajo escolar como cualquier otro y simplemente eso de “asesorar” implicaba más que nada una formalidad académica.

 

     Sin embargo, vi con sorpresa que dicho proyecto no era un trabajo rutinario, por el contrario, era algo a lo que Jesús le dedicaba muchas horas de su vida cotidiana, y eso llamó mi atención, si bien yo se perfectamente que mi hijo es responsable y dedicado; el tiempo reservado para “su libro” era tal, que incluso pareciese que escribía su testamento. El tema que seleccionó para su proyecto fue “La caricatura en México” y me sentí muy orgulloso cuando me pidió prestados mis libros sobre la materia, tengo algo de material, ya que he sido un aficionado sobre el particular, desde siempre. Pero Jesús no se contentó con los documentos existentes en casa e indagó, buscó, investigó sin cansancio. Realmente puedo decir que durante este lapso de tiempo hubo un escritor en casa.

 

 

     Creo que ese es el principal mérito de este trabajo, lo infatigable que fue el autor para con su investigación: diversas fuentes, material publicado e inédito, gráficas y biografías, fotos y ensayos, libros y revistas… en fin, la sala, su cuarto, el estudio, el comedor y hasta el baño de nuestro hogar fueron víctimas de su búsqueda. Su imparcialidad es también digna de mencionarse, ya que había ocasiones en que la información contenida en dos fuentes distintas chocaba y Jesús no se detenía hasta que encontraba algo que resolviera la discrepancia en la información… puedo decir sin temor a equivocarme que el libro que ahora nace es una excelente fuente para que el iniciado, el aficionado y aun el conocedor se identifiquen, aprendan, conozcan o reafirmen sobre el tema que en él se trata, es un trabajo lleno de profesionalismo y entrega, de paciencia y tenacidad, de perseverancia y tiempo…

 

 

     Espero que el resultado todos lo encuentren tan satisfactorio como yo. No me resta sino desear feliz lectura, y al autor, mi hijo; recordarle la seguridad de mi apoyo y cariño…

          

 

 

                                                                                                               Jesús Arévalo A.

 

 

INTRODUCCIÓN

 

     En esta obra no me voy a dedicar a hablar sobre aquellas caricaturas que salen en la televisión, videos y cines; se va a hablar sobre aquella caricatura que se publica en diversos periódicos y revistas generalmente para satirizar los actos políticos a través de diversos dibujos cómicos.

 

     En el primer bloque de capítulos (del I al III) se van a tratar diversos puntos de la caricatura periodística, tales como el bosquejo histórico (tanto del periodismo como de la caricatura del mismo género), que va a tratar de hacer un recuento o recuerdo de la caricatura periodística desde su origen hasta nuestros días (siempre viéndolo enfocado a México solamente); ya  que la caricatura periodística tuvo grandes repercusiones tanto en la colonia, en el México independiente, en la revolución, en la reforma y aún en nuestros días seguimos viendo diariamente nuevas publicaciones de este tipo de caricatura.

 

     En los últimos cinco capítulos se va a tratar sobre Eduardo del Río, un caricaturista contemporáneo que ha trabajado en este oficio durante más de cuarenta años; este “monero”, como él se autodenomina, ha influido bastante en la actitud y los trabajos de nuevos periodistas, es un hombre que tiene bien firmes sus ideales y que yo en particular admiro mucho.

 

     Lo admiro mucho debido a que es un hombre que nunca se dejó llevar por las opiniones de los demás, tiene sus propias ideas que nadie le ha impuesto; además, creo que si existiéramos más mexicanos como

él, el “borreguismo” que muchas veces nos caracteriza y que no nos lleva a nada bueno, se estaría acabando y cada día habría más innovaciones tanto en la forma de pensar como en el campo científico y técnico.

    

     En esta obra se habla mucho sobre Eduardo del Río, Rius porque es una persona con una vida muy interesante; así como igualmente resulta interesante saber sobre sus ideologías, y todos lo trabajos que ha tenido en distintos periódicos y revistas; así como también conocer a muy grandes rasgos, algunos de sus libros de muy variados temas.

 

     Yo en lo personal no estoy de acuerdo con todas las ideas de Rius, pero en esta obra, trato de plasmarlas cual si vinieran de él, para que el lector pueda darse una idea más clara de sus ideas. A veces también he pensado que a Rius  lo que le gusta es llevar la contraria, ya que:

 

     Viviendo en una familia muy católica y habiendo ido al seminario, se volvió ateo. En un país capitalista, vecino al mejor ejemplo de capitalismo en el mundo, se volvió comunista, o mejor dicho socialista. En el país de los tacos, se volvió vegetariano.

 

     Todo esto nos lleva a pensar y a preguntarnos si nosotros somos como somos porque así queremos ser o bien, porque así nos lo ha enseñado nuestra cultura y no podemos ser nosotros mismos.

ATTE. (de guayaba)

el autor.

 

 

 

 

 

 

                     

 

 

                       CAPÍTULO I

 

 

 

L A 

C A R I C A T U R A

 

 

P E R I O D Í S TI C A

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



1.1¿QUÉ ES LA CARICATURA PERIODÍSTICA? 

     El origen del periodismo podemos situarlo en la época clásica, si tomamos como tal los anales históricos y, en especial, los <<Acta diurna populi romani>>, diario oficial del imperio.

 

     En el renacimiento aparecen en Venecia las <<Gaceta>>, en donde se da noticia del comercio marítimo.

 

La derivación del periodismo hacia la política se inicia en Inglaterra, en la segunda mitad del siglo XVII. Los ilustrados franceses se oponen a este cambio, defendiendo la prensa como instrumento de opinión.

 

En España, el primer periódico cotidiano es el <<Diario Noticioso>>, que se comienza a editar en 1758. De gran importancia fue la labor del <<Mercurio Gaditano>> y <<El Europeo>>, en el siglo XIX, para la difusión del movimiento romántico.

 

En la actualidad son numerosos los diarios con una gran tirada, no solo en la capital del país, sino en la mayoría de las ciudades. Un fenómeno a destacar en estos últimos tiempos es la proliferación de la llamada prensa del corazón.

 

El periodismo electrónico, el periodismo en la pantalla, ha comenzado a funcionar en los países más avanzados. La informática y la telecomunicación hacen posible sobre un soporte magnético o sobre pantalla de televisión, conocer las noticias casi al mismo tiempo en que se producen.


El periódico audiovisual está en marcha en México desde hace algunos años. La técnica es simple: se necesita un centro emisor, una empresa o grupo informativo que transmita por radio o por teléfono un flujo de noticias y que estas sean recogidas y transformadas en letra impresa en la pantalla.

 

La sociedad depende hoy en gran medida, de los medios de comunicación. El desarrollo social se mide por los medios de comunicación de que se disponga.

 

     El periodismo, que en fin es un género relativamente moderno que maduró a lo largo del siglo XIX, parece caer entre las fronteras de la historia (su tema esencial suele ser la historia contemporánea), de la literatura (por ser, en algunos casos, vehículo de obras literarias) y la didáctica (en cuanto informa a los lectores).

 

     El periodismo, desde su aparición se pone al servicio de los bandos políticos. Por ejemplo, en época de liberales y conservadores en México; «El Siglo XIX» defiende a los liberales, capitaneados por Ignacio Ramírez, y ataca a «La Cruz», periódico de los conservadores, capitaneados por Clemente de Jesús Munguía.

 

Antonio Rosales, soldado durante la guerra de los

Estados Unidos contra México y fundador del

periódico El Cantarito.


     En esta obra, al hablar de “caricatura periodística” se refiere a todos aquellos dibujos (generalmente cómicos) que se publican o se intentan publicar en diversos periódicos y revistas. Estos dibujos, generalmente van aunados a los acontecimientos actuales o a la noticia; y su función es dar a conocer la opinión de algunos dibujantes sobre la noticia y nos la hacen saber de la manera más amena posible.

 

     Otro género literario semejante a la caricatura periodística, es la historieta, también se hablará de ella ya que muchos de los personajes que hicieron monos, también hacen historietas.

 

     Primero veamos qué es la historieta... La historieta es la forma de caricatura destinada a divertir al lector en la que se representa una historia mediante una secuencia de dibujos o fotografías y diálogos estrechamente relacionados. Mientras que la caricatura supone un solo impacto visual, las historietas comprenden varias situaciones narrativas continuas, en las que la lectura tiene un papel importante. La fuerza de este medio de comunicación masiva deriva, entre otras, de las siguientes circunstancias: los temas están representados de modo que el lector pueda identificarse fácilmente con los sentimientos y actos de los principales personajes; los desarrollos son lo bastante breves para retener la atención y generalmente emplean de modo abundante los colores, con lo cual gana en vida y atractivo.

 

     En México se publicaron en 1856 y 1857, como suplemento al primero y segundo Calendario de Pedro Urdimalas, sendas estampas con 20 cuadros cada una bajo el título de Santa Anna a la faz de sus compatriotas, que pueden considerarse como las primeras historietas a causa de su carácter satírico y festivo, según puede advertirse por el texto de algunas de las escenas representadas: “Santa Anna es herido en un pie en Veracruz” (1838), “Se coloca el pie de Santa Anna en Santa Paula” (1842), “Entra Santa Anna en México con la Constitución Federal en la mano” (1846), “Cae un rayo cerca de Santa Anna en el camino de Toluca” (1855), “Santa Anna sale para Ario y le coje una tormenta de agua (1855)”, “Santa Anna se hace pagar en Veracruz lo que dijo se le debía” (1855).

     La siguiente generación de historietistas mexicanos (1930 a 1950), cada uno con su estilo personal, estuvo formada por AlfonsoTirado (El flechador del cielo y El hombre invisible), Germán Butze (Pinito Pinole y Los Supersabios), Abel Quezada (Máximo Tops y Rayo Veloz), Rafael Araiza (Oreja de coliflor y La bruja Rogers), Gabriel Vargas (Virolo y Piolita y La familia Burrón), José G. Cruz (Los hermanos Landers, Adelita y las guerrillas y El Santo), Alfredo Valdés (Cuca Curvas, Pifas y Don Simplicio), Leopoldo Zea Salas (Águila Roja y Bobby el inquieto), Antonio Gutiérrez (El caballero azul), Francisco Flores (Flash el vengador), Daniel López (Guerra interplanetaria) y Juan Reyes (Taburay y El hombre azul), muy conocidos aún en la actualidad. En ese lapso nació en México el primer diario de historietas del mundo: Chamaco, al que siguieron Paquín y Pepín. En ellos se publicaron Rolando el Rabioso, de Gaspar Bolaños; El Conejo Cornelio, Fantomas, de Valdés; Jack en China, de Valdiosera; Torsón, de Ángel Zamarripa; Simplón Colilla, de Miguel Patiño, y otros.

 

      Otros dibujantes mexicanos de este género son Guillermo Yépez, Rubén González, Jorge Aviña, Felipe Arcos, Bismarck Mier, Enrique Ferrera, Narayanath Salazar, Constantino Nava, Alberto Cabrera, Manuel Calles, José Pacindo, Arnulfo Valles, Edmundo Salazar, José Cabezas, Joaquín Cervantes Bassoco, Manuel Moro, Rubén Lara, Guillermo Marín, Jorge Carreño, Alberto Huici, José Suárez Lozano, Jorge Pérez Valdez, Guerrero Edwards, Antonio Cardoso, Fausto Buendía, Antonio Monroy, Cristóbal Velasco, Antonio Campuzano, Constantino Rábago, Melesio Esquivel, Roberto Zambrano, Francisco Galiado, Héctor García, Guillermo Cardoso, Sixto Valencia, Ricardo Reyna, Eduardo Ferrer, César Cepeda, Luis Hernández, Ignacio Sierra, Pedro Núñez, Luis Hernández, Rogelio Canchola, Joel Kuri, Eduardo Martínez, Alfonso Tirado, Ramón L. Gaytán, Adolfo Mariño, Rafael Gallur, José Gómez, Ángel J. Mora, Alfonso Segura, Juan Alva López y Arturo Casillas. Son argumentistas, entre otros, Yolanda Vargas Dulché, Fidel Lemus, Aurelio Morales, Eduardo Lozano, Miguel Miranda, Héctor Denegri, Gilberto Rábago, Javier Reynag, Daniel Muñoz y Rosalba de Valdez.

 

 

A Porfirio Díaz fue a uno de los presidentes que más se le hicieron caricaturas (quizá por su largo periodo en el Poder)


 

 

 

 

 

 

 

 

 

1.2      INICIOS DE LA CARICATURA.

 

 

     La gran cantidad de diarios de la mañana, revistas ilustradas, semanarios de caricaturas, liberales, católicos y extranjeros, que había en la ciudad de México hizo que surgieran nuevos reporteros y literatos, muchos de estos discípulos de los experimentados periodistas que se formaron en el siglo pasado.

 

     Con profesionalismo se dedicaban a buscar la noticia que interesaba a sus lectores, ya que en esta época no había privilegios en las esferas oficiales para los reporteros, estos continuaban valiéndose de muchos medios para conseguir una noticia.

 

     Aunque había libertad de prensa, continuaban abiertas las puertas de las prisiones de Belém y Ulúa para los opositores.

 

     El 4 de octubre de 1903, los reporteros fundaron la asociación mexicana de periodistas, en un local ubicado en el callejón de Santa Inés. Tenían las siguientes bases constitutivas: “ (…) Elevar la dignidad profesional, (…) elevar el nivel intelectual de los periodistas por medio de conferencias, publicaciones, etc. … Nadie podrá ser rechazado o excluido de la asociación por razones de ideas (…) para ser socio de la agrupación, se requiere tener carácter de periodista”.

 

     Entre los que integraron esta asociación estaban: Luis Frías Fernández, licenciado Carlos Pereira, Antonio O. Páez, Federico García Alba, Agustín V. Casasola, Antonio Rivera de la Torre, Fortunato Herrerías, Carlos Valle Gargen, Amado Nervo, Luis G. Urbina, Miguel Necochea, Manuel de la Torre, Carlos Rumarnag, Mariano Ceballos,

Antonio O. Páez, miembro de la Asociación Mexicana de Periodistas.


Rafael Medina, Irineo Paz, Pedro Halgestein, Enrique Bonilla, Salvador Resendi, José Soriano, Ignacio Carranza y otros más.

 

 

     La actividad de esta sociedad fue asombrosa con motivo de la aparición de la peste bubónica en Mazatlán, organizaron festivales y colectas para las víctimas; a los simpáticos voceadores les ofrecieron en la Navidad y reyes, un festival donde se les repartió ropa y juguetes.

 

     A iniciativa del fotógrafo de El Imparcial, don Agustín V. Casasola, se fundó en el año de 1911, la sociedad de fotógrafos de prensa, de la cual fue electo presidente por los miembros de la agrupación que la integraban: Sr. Ezequiel Alvarez Tostado, Samuel Tinoco, Antonio Garduño, José Almagro, Miguel V. Casasola, Jerónimo Hernández, Abraham Lupercio, Miguel Uribe, Rafael Sosa, Jesús Prieto Solórzano, Eduardo Melhado, Isaac Moreno, E, Sotomayor, H. J. Gutierrez, y F. Aguiluz.

 

     Por esta misma época, el dinámico periodista Ignacio Herrerías, fundó la asociación de periodistas metropolitanos, instalada en el local de la avenida Isabel la Católica, No. 8, con nuevas bases para bien del gremio.

 

     Don Venustiano Carranza fue muy buen amigo de los periodistas. El 7 de Octubre concurrió al banquete que le ofrecieron los directivos de El Demócrata Mexicano, señores José Ferrel y Querido Moheno, al que asistieron los señores José Luis Manuel Rojas, Serapio rendón, Ignacio Herrerías, Mario Victoria, Ernesto García Cabral, Manuel Machorra, Enrique Uthof y otros más.

 

     Durante la serie de despedidas que recibió el licenciado Francisco León de la Barra, próximo a dejar el poder ejecutivo, el treinta de octubre recibió a los Fotógrafos de la Prensa, en Chapultepec. Agustín V. Casasola a nombre de sus compañeros le dijo: “(…) faltaríamos a un gran deber al no acudir a usted, que nos ha llenado de atenciones y finezas en nuestro cumplimiento del deber (…) Usted ha inaugurado la etapa de la libertad de la fotografía periodística (…)”.

 

     Otra iniciativa del presidente de la asociación de fotógrafos de la prensa, don Agustín V. Casasola, fue la de instalar una exposición de los mejores trabajos ejecutados por los redactores gráficos.

 

     El presidente de la república, don Francisco I. Madero asistió el 15 de diciembre a la solemne clausura de la exposición, donde quedó gratamente impresionado de los trabajos expuestos y les dirigió unas palabras de estímulo y aliento para continuar superándose y que se proponía impulsar las artes y conceder pensiones a los artistas que más

Ricardo Flores Magón y su hermano Enrique F. M. En la cárcel de Los Angeles, California, Estados Unidos.


se distinguieran en sus diversas actividades.

 

     El 5 de marzo de 1912, la Asociación de periodistas metropolitanos, efectuaron una becerrada en la Plaza de Toros “El Toreo”, en la que figuraban como matadores: Mario Victoria, Ernesto Herrerías, Enrique de Llano y Antonio O. Páez; Picadores: Carlos Toro, Gerald Brandon, Fernando Ramírez de Aguilar, Ernesto García Cabral, Santiago R. de la Vega, Aldo Baroni; banderilleros, Abraham Lupercio, Miguel Casasola, Gilberto Calderón, Gonzalo Espinosa, Joaquín Piña, Samuel Tinoco, Alfonso Barrera Peniche, Leopoldo Toquero, Luis Tornel Olvera, Eduardo Melhado y Luis Malváez.

 

     Los acontecimientos políticos que se sucedieron posteriormente, fueron motivos para que se disgregaran muchos periodistas de la asociación.

 

     En agosto de 1913, vuelven a reunirse los periodistas y forman una nueva sociedad de la prensa. La primera Agencia de Información Fotográfica que se estableció en México, la fundaron don Agustín V. Casasola y Gonzalo Herrerías en la calle de Nuevo México No. 76.

 

     Herrerías fue llamado a dirigir el diario “El Independiente” y Agustín Casasola con sus fotógrafos Refugio Martínez, R. Aguiluz, Agapito Lazaga, Luis Santamaría y otros más, que no se daban reposo para dar información gráfica a un gran número de diarios y revistas, tanto de la capital como del extranjero.

 

     A esto había que agregar, el envío de fotógrafos a los campos de batalla durante la revolución constitucionalista, motivo por el cual, don Agustín Casasola tuvo que recurrir a su hijo Gustavo (Autor de la colección “6 siglos de historia gráfica de México”)* a que saliera con la cámara fotográfica a suplir con los ausentes.

 

* Colección de la que fue obtenida esta información.

Don Agustín Casasola,  padre de Gustavo C. (autor de la colección “6 siglos de historia gráfica de México)


     Con los conocimientos que había adquirido en el laboratorio y como ayudante cargando la cámara, hizo su debut el 8 de septiembre de 1913 como informador gráfico.

1.3      EL PERIODISMO EN LA REVOLUCIÓN.

 

 

     Con los trascendentales acontecimientos que se sucedieron en la República, tanto los periodistas como los fotógrafos, acudían a cumplir con su deber a fin de dar amplia información a sus periódicos.

 

     En noviembre de 1910, estalló la revolución maderista en Puebla. Allí estaban Ignacio Herrerías y Agustín V. Casasola.

 

     Como el movimiento armado se extendía por todo el país, los periodistas y fotógrafos se concentraron en Ciudad Juárez.

 

     Al triunfo de la revolución, los periodistas siguieron a Don Francisco I. Madero en sus giras triunfales y, después a la gran serie de sublevaciones y asonadas que hubo durante el año de 1912, como la revolución orozquista, zapatista, felicista, etc.

 

     En el mes de agosto, un grupo de periodistas y fotógrafos salieron rumbo al sur con objeto de llegar a entrevistar a Emiliano Zapata y dar más amplia información de su revolución. Lograron llegar hasta su madriguera. Emisarios iban y venían, pero el jefe suriano no los dejó llegar a su presencia, viéndose obligados a regresar a la capital.

 

     Mientras esto sucedía, de la ciudad de México salía un tren militar en el que iban los corresponsales Ignacio Herrerías, Humberto Straus y el fotógrafo Rivera. Al llegar el convoy a Ticumán fue asaltado por los zapatistas e incendiado el tren, muriendo quemados la mayoría de los ocupantes. Los periodistas efectuaron una manifestación muda de protesta por tan alevoso crimen.

 

     En febrero de 1913 estalló el cuartelazo de la ciudadela y el elemento periodístico expuso su vida en todo momento. Hubo de valerse de todos los medios para entrar a la ciudadela. Allí estaban las verídicas informaciones.

 

     El triunfo de la asonada de la ciudadela, trajo como consecuencia la revolución constitucionalista encabezada por don Venustiano Carranza.

 

     Aquí es donde los periodistas y fotógrafos tuvieron que multiplicarse para dar amplia información que la censura del gobierno que el general Huerta lo permitía, pero don Agustín V. Casasola tuvo la percepción clara del sentido histórico de su profesión y logró formar una gran documentación para la historia y las generaciones venideras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                    CAPÍTULO II

 

 

 

 H I S T O R I A

D E  L A

 

 

C A R I C A T U R A

 

 

P E R I O D Í S TI C A

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


2.1      EL PERIODISMO EN LA COLONIA.

 

     El 1º de enero de 1722 se publicó en la Nueva España, la “Gazeta* de México” a iniciativa del presbítero y después obispo de Yucatán, doctor Juan Ignacio Castorena Ursúa y Goyeneche, la que editó seis números, dejando de publicarse en el mes de julio debido a las críticas, censuras y murmuraciones de los envidiosos que lo atacaron.

 

Constantino Escalante

 

     Castorena Ursúa nació en la ciudad de Zacatecas, fue colegial del Real de San Ildefonso de México, doctor jurista de la Universidad, fue a España donde recibió el grado de doctor teólogo en la Universidad de Ávila, a su regreso a México coronó la mitra de Yucatán, en su tierra natal fundó el colegio de los Mil Ángeles, se destacó en todos sus actos, murió a los sesenta y cinco años de edad.

 

* En diferentes épocas escribían el nombre de “la Gaceta” con c. y con z.


     Anteriormente se publicaban hojas volantes o gacetas, las que sin regularidad daban las noticias de los sucesos más sobresalientes de la época. En 1728 volvió a publicarse la “Gaceta de México”, bajo la dirección de don Juan Francisco Sahagún Arévalo Ladrón de Guevara. Esta vez se publicaron  treinta y siete números conteniendo cuatro páginas cada uno, hasta 1739 en que se suspendió. De 1740 a diciembre de 1742, salió a la luz pública un nuevo periódico con el nombre de “Mercurio de México”. Después se publicó la “Gaceta de literatura de México”, por don Antonio Alzate y el “Mercurio Volante” de don José Ignacio Bartolache.   

  El 3 de noviembre de 1784, don Manuel Antonio Valdés, resucitó la “Gaceta de México” el que fue impreso en los talleres de Zúñiga Ontiveros, haciendo de él, un periodista oficial y terminando de publicarse en 1810. En 1805, se fundó el “Diario de México”, el que fue el primer periódico cotidiano y en el cual colaboraban Carlos María Bustamante, Jacobo Villaurrutia y otros más.

Fernando Benitez, autor de la novela el Agua envenenada.


 

 

 

 

 

 

 

2.2      LA CARICATURA PERIODÍSTICA DURANTE LA REVOLUCIÓN.

 

     José Guadalupe Posada fue un pintor e ilustrador de esta época, muchas de sus ilustraciones se publicaron, sus obras ofrecen una visión satírica de personajes políticos (Entre ellos Porfirio Díaz) contemporáneos y una irónica transposición de seres legendarios a un mundo de esqueletos y calaveras. Supo llegar al pueblo a través de sus ilustraciones para una serie de vidas de santos, milagros, crímenes, leyendas, etc., cuyos textos transcribía en imágenes simples, realistas y de gran fuerza expresiva.

   

 

Caricatura contra la intervención francesa.


     La oposición más franca a la dictadura del general Díaz fue la presentada por la prensa revolucionaria. Publicaciones revolucionarias como “El diario del hogar”, “El amigo del pueblo”, “La huelga”, “La alianza de los obreros”, “El obrero” y “El hijo del ahuizote”, eran clausuradas y sus impresores detenidos; pero esa actitud del gobierno porfirista solo servía de acicate para que volvieran a la luz pública con otros nombres tales como “El alboroto”, “El diablo alegre”, “El perico” y “El escándalo”. Todas esas publicaciones de pleno enfrentamiento al gobierno de Díaz, eran consideradas por los intelectuales de esa época como prensa de arrabal. Sin embargo, lo único que estos demostraban con ese aparente desprecio, era la impotencia para detener la labor informativa de dichos periódicos.

 

     La actitud represiva del régimen en contra de las ideas de la oposición, plasmadas en diversas publicaciones, así como la profunda miseria existente entre los campesinos y obreros, hicieron posible el estallido revolucionario a finales de la primera década del presente siglo.

 

 

EL AHUIZOTE. Por el sentido de molesto, irritante e insufrible, que se le da popularmente, el término ha sido utilizado como nombre de revistas satíricas. La más famosa fue El Ahuizote (1874-1876), fundada y dirigida por Vicente Riva Palacio para hacer oposición al gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada. Se presentaba como “semanario feroz aunque de buenos instintos”. Son notables las caricaturas políticas que en él publicaron Jesús T. Alamilla y José María Villasana, y los artículos que produjo el espíritu agudo y mordaz de Riva Palacio. En 1911, Miguel Ordorica y Pedro Malabehar editaron un semanario del mismo nombre que tuvo corta vida y desde el cual combatieron la Revolución. El Ahuizote Jacobino se llamó una revista de caricatura y crítica que fundó en 1904 Daniel Cabrera, en la que atacaba “el reeleccionismo y el prorroguismo”. El propio Cabrera había dirigido anteriormente El Hijo del Ahuizote (1885-1902), fundado por Manuel Pérez Bibbins; enemigo violento del gobierno porfirista, este periódico se definía a sí mismo como “semanario feroz, aunque de nobles instintos políticos y sin subvención como su padre, y como su padre, matrero y calaverón”. En sus páginas quedaron buenas muestras de caricatura política, de Cabrera y otros dibujantes de la época.

 

Salvador Pruneda, caricaturista e impulsor del noticiero mexicano, también colaboró en la elaboración de algunas ediciones de El Ahuizote.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                   CAPÍTULO III

 

 

 

L A 

C A R I C A T U R A

 

 

E N  L A S  Ú L T I M A S

 

 

D O S  D É C A D A S

 

 



3.1      LOS SIETE MAESTROS DE LA CARICATURA PERIODÍSTICA.

 

 

     Los maestros de los años cincuenta, en los años en que Rius se empezó a interesar por la caricatura, eran indudablemente estos siete: el Chango Cabral, Arias Bernal, Freyre - alumno de Cabral -, Audiffred, Fa-cha (alumno de Audiffred), Medina de la Vega y Guasp, el valenciano aislado en México que hacía en cartones que eran un prodigio de ingenio verbal, pero que pocos entendían. Esos eran los siete magníficos, los consagrados por el tiempo y su trabajo.

 

     En segundo plano estaban el viejo Pruneda (Salvador) y los ya maduros, que se movían mas en la historieta que en el cartón editorial: Guerrero Edwards y su chicharrín, Gabriel Vargas con los Superlocos, y el maestro Germán Butze y sus Supersabios, Bismarck Mier y su pocaluz y Gaspar Bolaños con Rolando el Rabioso.

 

     Una de las razones de que hubiera tan pocos caricaturistas en México, era los pocos medios donde se publicaban caricaturas. Solo había cinco o seis periódicos (Excélsior, El Universal, La Prensa, Novedades, y los diarios de mediodía).

 

     Tampoco había revistas humorísticas permanentes (excepto Ja-já, que difícilmente podría considerarse una revista de humor). Por ello los siete se consideraban los reyes de la caricatura mexicana, que veían con temor el surgimiento de una nueva generación de moneros que empezaban a dar de que hablar, por el nuevo estilo de humor que estaban manejando. 

 

     Al iniciarse pues en el oficio del mono, Rius, tenía como maestros a seguir (o a no seguir) a los Siete y a gente como Abel Quezada, Isaac o Huici. Por afinidad de edad, optó por alinearse con los “modernos”.

 

     Rius confesó su admiración por Abel Quezada, pero debe admitir con agrado, sus simpatías por el trabajo de Alberto Isaac y RAM, que empezaban por ese tiempo a destacar.

 

      El estilo de Huici le gustaba también, pero el hecho de que no estaba haciendo caricatura política, quizás por imposibilidad (confesada) de no tener suficientes ideas para hacer el cartón diario, lo borraron de la lista. A falta de esas habilidades, el narizón Huici se convirtió en un extraordinario caricaturista personal.

 

     Ideológicamente hablando, no le gustaba nada a Rius el trabajo de Los Siete. No porque tuviera ya desde entonces ideas de izquierda (aunque declara que desde que salió del seminario empezó a averiguar si no había otras verdades que no fueran las de la Biblia), sino porque se le hacía obvio que los cartones de Arias Bernal, Freyre, Cabral o    Fa-cha, se alineaban casi siempre por el lado del gobierno y de los intereses norteameriyanquis.

 

     La prueba máxima fue la campaña orquestada por la USA Embassy en contra de Guatemala, que aparte de aparecer en los diarios, ganó la publicación como libro de todas esas execrables caricaturas. “Siete dibujantes con una idea” llamose el librito editado por la embajada. 

 

     Sus simpatías ideológicas se inclinaban más bien hacia la línea que manejaban Isaac y Quezada, que sin ser consideradas de izquierda, contenían una buena dosis de crítica a la sociedad priísta mexicana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3.2      EL GRAN QUEZADILLA (DATOS DE ABEL QUEZADA).

     El finado Abel Quezada fue junto con Steinberg y Oski, el tercer ángulo de “La Santísima Trinidad” del humorismo gráfico. Lo primero  que Rius conoció de él, fue una historieta que se llamaba “La mula maicera, Máximo Tops”. Después supo que estaba de cartonista en Ovaciones y Cine –mundial.

Abel Quezada

   

 

 

 

      Algo que sorprendió de Quezada a medio México (entre ellos Rius), fue la frescura, el desenfado y la poca solemnidad que manejó el hijo de Comales desde el principio de su carrera. Quezada se burlaba de todo, hasta de sí mismo (cosa inusual en el medio), creando unos cartones llenos de letreros por todas partes, que acompañaban a unos monos malhechos y jocosos que se pitorreaban de los políticos, los arzobispos, la nobleza pulquera, los nuevos ricos y los snobs (entre otros).

 

     Aquellos monigotes de sus primeros años vinieron a revolucionar a la caricatura mexicana que se hallaba anquilosada en las glorias de Cabral, Arias Bernal, Freyre o Audiffred, que siendo innegables caricaturistas y buenos dibujantes, se habían anclado en la fórmula rutinaria del cartón tipo gringo. Como quien dice se habían acartonado.

 

 

3.3      DATOS DE OSCAR CONTI (OSKI).

 

 

     En un libro de Rius, dice que el verdadero nombre de este novelista argentino es Oscar Conti, y según la Enciclopedia Salvat se llamaba Haroldo Conti; lo único que puedo afirmar con certeza es que firmaba con el seudónimo de Oski todos su dibujos.

 

     Oski nació en 1921 en Argentina. Es uno de los más importantes narradores surgidos de la generación de los 60. Su producción está marcada por la minuciosidad en la descripción, el notable tratamiento de la temporalidad novelística y un gran lirismo.

 

     Entre sus obras sobresalen Sudeste, Alrededor de la jaula, Con otra gente, y En vida (en 1971, por la que recibió el premio Barial).

 

     En los sesenta, la única revista de humor que se podía conseguir en México –en español, claro- era la argentina Rico Tipo donde colaboraban Divito, Lino Palacios, Cesar Bruto, y Oski, entre otros.

 

     Oski apareció en el horizonte del humor gráfico armado de un desenfado carcajeante y un dibujo infantil que les hacía factible dibujar a los que no sabían hacerlo. Rius lo conoció años después y acabaron siendo amigos, de esos que se escriben e intercambian noticias y regalos.

 

     En su último viaje a México, le regaló algo inapreciable que Rius conserva todavía como una joya: su paleta de pintor con el óleo todavía fresco y con una dedicatoria personal completada con uno de sus horrorosos y comiquísimos mono inimitables todavía.

3.4 ALBERTO HUICI.

 


     Fue el primer amigo en el negocio de la caricatura de Rius. El cinco años mayor que Rius, se había iniciado haciendo monos para la revista Don Timorato, surgida para apoyar la candidatura de Miguel Alemán y dirigida primero por Arias Bernal y después por Cadena M. Cuando una serie de problemas político- económicos obligaron al Brigadier de Aguascalientes a renunciar junto con el estupendo equipo de colaboradores que hacía originalmente la revista.

Cinco cartones de Alberto Huici, el caricaturista mexicano.


 

 

Alberto Huici

    Renato, Fa–cha, Freyre, Cabral, Audiffred, X. Peña y otros de esa categoría se fueron con la música a otro lado, y Cadena se encontró con el problema de llenar 32 páginas con algo que pudiera suplir medianamente el trabajo de aquellos monstruos del humor. Y descubrió que había toneladas de cartones que chavos nuevos habían estado enviándole al brigadier a ver si los publicaba.

 

 

 

     Entre esos “Picassos” (así los llamaba Arias Bernal) estaba Huici y estaban un tal Abel Quezada y otro tal Alberto Isaac, lo mismo que RAM, Puga, David Carrillo, Trisner, Narayanath Salazar, Jorge Tovar, Bismarck Mier, Leonardo Vadillo, Jorge Carreño, Becerra y otros que con el tiempo se convirtieron en famosos. 

 

     Cadena les dio oportunidad a todos. Huici firmaba entonces “de la Torre” – su segundo apellido – y después adoptó el Huici como su nombre de batalla, dejando de firmar a mano y adoptando una firma hecha en tipografía.

 

     Huici, ya fallecido, se convirtió en el guía de Rius al proceloso mundo de las revistas y periódicos, dándole consejos y tips para sobrevivir en ese mundo de editores tiburones que se hacen los occisos a la hora de pagar, que ejercen censura sobre el trabajo y que acaban haciéndose ricos a costillas de los pobres moneros que se inician en esta bocabajeada profesión.

 

     Huici trabajaba en Ja-já haciendo estupendos cartones a color con chistes bastante flojos, pero muy bien dibujados. Huici le enseñó a Rius a manejar el gouache* y a empinar el codo en La Mundial.

 

    

 

“La muerte y las máscaras”, pintura hecha con la técnica del gouache.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

*Voz francesa del italiano guazzo, por aguazzo, es un procedimiento empleado en la pintura a la aguada, con colores desleídos en agua y goma, los cuales se dan por capas opacas. Se llama también guazza.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


                    CAPÍTULO IV

 

 

 

E D U A R D O  D E L

 R Í O

 ( R I U S )

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


4.1     DATOS BIOGRÁFICOS DE RIUS.

 

4.1.1SUS PRIMEROS AÑOS DE VIDA.

 

 

    Tercer hijo de un endeudado comerciante que murió antes de que el pequeño cumpliera un año de vida, Eduardo Humberto del Río García, nació en Zamora Michoacán el 20 de junio de 1934.

    

     Su padre (Antonio del Río), murió cuando Rius tenía sólo seis meses. La familia de su papá se negó rotundamente a ayudarlos, así que, tuvieron que ir a quedarse a la casa de una hermana de su mamá. Toda su infancia vivió en vecindades.

 

Rius, al igual que sus hermanos, fue educado en el seno de una familia muy católica.


     Rius, al igual que sus dos hermanos (Antonio y Gustavo), estudiaron en el seminario de los salesianos por razones económicas. No podían pagar una escuela particular y a la mamá no le gustaban las federales porque eran socialistas y la mamá era sumamente católica.

      Fallecieron dos de sus hermanos y sólo quedaron tres. Para poder trabajar en “algo”, emigraron a México D.F., Eduardo fue el último en nacer.

 

     La familia del zamorano era muy católica, y tenía muchos familiares sacerdotes, pero de los tres del Río García, no se hizo ni un cura. Estudió en el bachillerato de jesuitas. Un millonario llamado don Eduardo del valle les financió a los tres hermanos sus estudios en el seminario. Estudió en el bachilleratos, que luego se convirtió en el Instituto Patria, precursor de la Universidad Iberoamericana.. En tiempos de Porfirio Díaz su hermano mayor era cuasi - padre en la Iglesia de Santa Inés. Rius se preparó muy bien en la escuela salesiana, Plutarco Elías Calles quitó esas escuelas por ser católicas y el michoacano tuvo que buscar otro lugar en donde estudiar.

 

     De 1943 a 1950 estuvo en internados católicos. Con los salesianos para llegar a ser cura, se tienen que estudiar cuatro años de latín, un año de noviciado, tres años de filosofía, dos años de tirosinio*¹ y finalmente dos años de teología, por lo que pocos llegaban a terminar, Rius llegó hasta el noviciado*2.

 

*¹ Viene a ser el servicio social o bien, práctica del magisterio en una escuela salesiana.

*² Cuando los invisten con la sotana negra, símbolo de pertenencia formal a la iglesia católica, apostólica y romana.


     Una semana antes de la ceremonia para darle la sotana, el director del aspirantado llamó a del Río y le dijo que se tenía que regresar a su casa, ya que no reunía las condiciones necesarias para ser cura salesiano (era muy rebelde y no creía en las instituciones vaticanas).

     Pero, ¿de qué le sirvieron a Rius 7 años con los salesianos? (Confesado por él mismo en uno de sus libros). Su pertenencia dentro de la iglesia lo convirtió en ateo respecto a todo Dios inventado por las iglesias. Al zamorano le parecen totalmente ridículos los misterios de la fe católica, por ejemplo, el hecho de que “Un niño naciera de parte de una muchacha que tuvo contacto con un tal espíritu Santo y su posterior ascensión al cielo con todo y zapatos”.

 

     Otra razón que lo hizo separarse de la iglesia fue que ésta o mejor dicho, los clérigos, desde tiempos muy remotos, han venido comercializando la fe. Sin embargo, el michoacano agradece a los salesianos que le hayan enseñado a comer de todo, a vivir con privaciones, a tener una disciplina de trabajo y a jugar fútbol y trepar cerros. Lo que no les agradece es que les tuvieran prohibida la lectura de Salgari* y Julio Verne, que le hayan enseñado a odiar a Hidalgo, Juárez y Morelos.

 

    

 

 

 

 

 

 

 

*³ Emilio Salgari fue un novelista italiano. Autor de numerosas novelas de aventuras, alcanzó basta popularidad entre la juventud con obras como “Il cosaro nero” o “Il re del mare”.


4.1.2         SUS AÑOS MOZOS.

 

 

     Después de ser corrido del seminario, tuvo muy diversos empleos. Primero como lavador de vasos en una cantina clandestina por el mercado de Tacuba; luego embotellando refrescos en una también clandestina embotelladora (El Popo), propiedad de sus hermanos mayores; Luego en la encuadernadora de editorial América, editora de Walt Disney; después como cajista en la imprenta de Santa Julia; luego vendiendo libros, jabones y marcos de casa en casa; luego como burócrata en estadística y finalmente en la funeraria Gayosso, donde estuvo hasta 1956 contestando teléfonos.

 

     Curiosamente se hizo caricaturista por accidente, tomando el lugar de su hermano Gustavo (tres años mayor que Rius), que era en realidad quien iba para eso.

 

     Nuestro monero había decidido estudiar arquitectura; pero por no tener papeles ni de primaria, y por la imposibilidad económica de cursar toda la secundaria y toda la preparatoria, pagando materias y presentando exámenes extraordinarios, se convirtió en trabajador de lo que fuera.

 

     Tras muchos intentos en varias ocupaciones a cuál más ajenas a sus gustos, terminó estabilizado en la funeraria Gayosso.

 

     Gustavo en cambio, ya había iniciado una carrera haciendo dibujos comerciales y tiras que trataban de ser cómicas, para un periodiquito de los salesianos titulado “el amigo de la niñez”, que se vendía domingo a domingo en las iglesias de los salesianos.

Al regresar su hermano Gustavo al seminario (para volverse a salir un año después) Rius se encargó de sus trabajos.


    

 

      Sin embargo, un día le dio la locura y regresó al seminario, de donde había salido tres o cuatro años atrás. Quería ser cura. Antes de irse, le dejó sus chambas a Eduardo; hacerles de vez en cuando dibujos a los Henaine (Capulina y sus habanos), que tenían un negocio de mercería en La  Merced, casi enfrente de San Carlos.

 

     Otros trabajitos que le heredó Gustavo fueron las tiras para el periodiquito y las portadas para unos libritos que los salesianos sacaban cada mes con novelitas fresas.

 

     Lo que Rius dibujaba en la funeraria Gayosso no eran precisamente monitos, sino cosas que tendían más al dibujo publicitario. Inclusive, entró a estudiar esa carrera en San Carlos, con tan mala suerte que le tocaron dos huelgas y se salió.

 

     Entró después a las clases nocturnas de una escuelita de dibujo publicitario en la colonia Guerrero, donde apenas estuvo dos meses por falta de lana para pagarla.

 

     A partir del regreso de su hermano al seminario (donde no duró ni un año), empezó a hacer la tira, los dibujos para los Henaine y las portadas para los libritos. Esto debe haber sido en 1952 o 53, pues ha perdido todo lo que hizo.

 

     Nuestro monero confiesa que su hermano Gustavo era el dibujante de la familia; Gustavo prometía ser un buen dibujante y algún tiempo trabajó en ARS UNA, la famosa agencia publicitaria, en donde Renau hizo sus estupendos carteles cinematográficos.

 

      Tenía mucha facilidad para el dibujo, pero le fallaban dos cosas: no tenía constancia y no se le daban ideas para los monos.

 

     El zamorano ya había iniciado sus colaboraciones en Ja-Já y había decidido renunciar a la funeraria y dedicarse de tiempo completo a los monos.

 

     Don Jaime Arrangoiz, dueño de Gayosso, le había ofrecido formalmente enviarlo a estudiar a St.. Louis Missouri la tranquila profesión de embalsamador visto que el que la hacía de eso en las funerarias, el Dr. Díaz Iturbide, paisano de nuestro personaje, ya estaba cerca de volverse cliente de la funeraria. Rius lo pensó dos veces (o más), pero finalmente decidió no irse del país y jugarse el futuro haciendo monigotes. Así fue como el destino, que según los tangos es intallable, lo puso en el camino en el que lleva ya más de cuarenta años de penas y glorias. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4.1.3      SUS AÑOS MADUROS.

 

 

     En 1962 Rius empezó a colaborar en el suplemento Marca Diablo de paco Ignacio Taibo y las publicaciones Siempre!, Sucesos, Política, la Prensa, Diario de México y el Universal.

 

     Poco más de tres años después, cierta noche que del Río vagaba pensativo por la ciudad de México, en una esquina encontró a Rafael Viadana, veterano caricaturista afanado por ese entonces en la fundación de una editorial con Octavio Colmenares, un empresario que se hizo notorio en 1994, cuando el cantante Luis Miguel lo demandó judicialmente por daño moral, Viadana le propuso al michoacano que hiciera una historieta al estilo de la familia Burrón de Gabriel Vargas para la nueva revista.

 

     Rius emprendió un viaje en tren por pueblecitos de Michoacán y visitó a sus familiares: - una familia de locos – refiere; mis parientes eran tan asombrosos que no hubo necesidad de inventar personajes. Todo fue cuestión de retratarlos con fidelidad. Ahí estaban ya de carne y hueso con las características necesarias.

 

     El resultado fueron los supermachos, habitantes del imaginario pueblo de San Garabato de las Tunas: Una somnolienta localidad donde se escenificaba lo que ocurría y se ocultaba en el país. El tiraje inicial de 20 000 ejemplares se duplicó en pocas semanas y antes de un año superó los 100 000 por edición. A mediados de los años 60 se tiraban más de 200 000. 

 

     Según del Río, la popularidad de la historieta enfadó al entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien ordenó a su secretario de gobernación, el avieso Luis Echeverría Álvarez, hacer algo para disminuir la virulencia de las críticas de la revista al régimen.

 

     Por esas fechas murió Viadana de un infarto y Colmenares quedó como único propietario de la empresa. Temeroso de Echeverría, el editor empezó a censurar las tiras cómicas del michoacano.

 

     Las discusiones entre caricaturista y patrón se volvieron frecuentes. Finalmente, con auxilio de funcionarios del gobierno, Colmenares consiguió registrar a su nombre los derechos de autor de Los Supermachos, dejando a Rius fuera de la jugada.

 

     El monero no se amilanó: persuadió a un exvendedor de libros, Guillermo Mendizábal, de fundar en 1968 Editorial posada para publicar una nueva creación de Rius: los agachados.

 

     En el primer número apareció en portada un dibujo de Calzonzin y Chon Prieto, (personajes inventados por Rius). De inmediato, Colmenares envió a sus abogados a reclamar el uso de personajes que le pertenecían legalmente. Furibundo, Rius debió inventar nuevos personajes, incluido Octaviano Trastupijes, un inescrupuloso abogado inspirado por el dueño de los Supermachos.

 

     En los agachados, el caricaturista incorporó elementos novedosos: grabados antiguos, fotografías, dibujos ajenos, y recortes de prensa. Más tarde empezó a publicar libros (más de ochenta) en los cuales abordaba con gran éxito de ventas una extensa cantidad de temas, desde la Biblia hasta el vegetarianismo.

 

     Por esa época, también fundó una revista de sátira política, bautizada La Garrapata (el azote de los bueyes). Dicha revista fue       co-dirigida por otros tres talentosos moneros, Rogelio Naranjo, Helio Flores, y Emilio Abdalá. La publicación pronto irritó al régimen y acarreo problemas de circulación por la negativa del monopolio estatal (PIPSA) para venderle papel, amenazas a empleados de la empresa e incluso el secuestro de Rius en 1969 a manos de judiciales para golpearlo y amenazarlo de muerte en caso de continuar atacando al gobierno.

 

     Adicto al trabajo, Rius participó en 1994 en la revista el Chamuco (Editorial Grijalbo). – A los sesenta y cinco años de edad me siento satisfecho con mi trayectoria profesional, pues creo que contribuí al auge gozado por el género actualmente. Con modestia puedo señalar lo dicho por el subcomandante Marcos: << En provincia la política llegaba por Rius o no llegaba, así era, punto>> -.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4.2        LOS MODELOS E INFLUENCIAS QUE TOMÓ RIUS.

 

     En “Rius para principiantes”, el autor afirma: <<La verdad es que yo no quería ser caricaturista, sino dibujante “serio”, o como se les dice ahora, diseñador gráfico e ilustrador>>. Su sueño era hacer carteles, portadas de libros, formato de revistas y hasta pintar cuadros. En ese mismo libro dice que quería llegar a ser un Vicente Rojo, no un Rius.

 

     Para comprender mejor los ideales que tenía nuestro cartonista, veamos una breve biografía de Vicente Rojo, tomada de la enciclopedia “Biografías”, de la editorial Reymo.

 

     Vicente Rojo (Cataluña, España, 1932)Pintor, escultor y diseñador gráfico. Estudió escultura y cerámica en la Escuela Elemental del Trabajo. Llegó a México en 1949 para reunirse con su padre, republicano exiliado al término de la guerra civil española. Naturalizado mexicano en 1949.

 

     En 1950 estudió en La Esmeralda (1950) e inició su aprendizaje en el diseño gráfico con Miguel Prieto en el Departamento de Ediciones del INBA. Fue discípulo del pintor Arturo Souto (1953-1954).

 

     Dirigió la oficina técnica de ediciones del Instituto Nacional de Bellas Artes (1953-1954), fundó la revista Artes de México, con Miguel Salas Anzures, de la que fue director artístico hasta 1963, diseñador tipográfico de la Dirección de Difusión Cultural de la UNAM (1954-1956), jefe de anuncios para cine de la empresa Tele - producciones (1954-1955), asistente (1950-1956) y director artístico de México en la Cultura (1956-1961).

      En 1958 presentó su primera y única exposición individual de pintura figurativa, La guerra y la paz, en la Galería Proteo. Cofundador, director artístico y miembro del consejo de Ediciones Era (1959). Diseñó el suplemento La Cultura en México y dirigió las ediciones de la imprenta Madero.

 

      A partir de 1964, su pintura se divide en grandes temas o series: Señales, en la que trabajó con triángulos, círculos y cuadrados, «formas geométricas básicas» (1964-1969); Negaciones, variantes sobre la forma de la letra T (1970-1975); Recuerdos, donde, dice, «combinaba las retículas de los cuadernos (de su infancia) con imágenes de destrucción, manchadas y borradas... con los juegos que no tuve» (1975-1979); y México bajo la lluvia, variaciones sobre la diagonal con base en minúsculos cuadros poli - cromáticos (1979). En 1978 obtuvo la beca Guggenheim.

 

     Hizo el diseño gráfico original de Diálogos, Universidad de México, Plural (con Kasuya Sakai) y el diario La Jornada (1984). Ha realizado escenografías para las obras de teatro Divinas palabras, de Valle Inclán, Historia de Vasco de Georges Schehadé; Mudarse por mejorarse de Juan Ruiz de Alarcón y otras.

 

     Ha expuesto individualmente en México, Estados Unidos, España, Colombia, Cuba y Panamá; y colectivamente en Japón, Brasil, Francia, Estados Unidos, Cuba, Canadá, India, Colombia, Suecia, Venezuela y México.

 

 

4.3      SUS PRIMEROS TRABAJOS COMO CARICATURISTA.

 

 

     El humor mudo de Rius nació en la revista Ja-já, de padres conocidísimos. Todo mundo sabe que empezó copiándole descaradamente a Steinberg (al menos todo el que vivió en esa época y vio los trabajos de ambos caricaturistas), el revolucionario padre de la caricatura moderna; rumano él y asilado o emigrado al iniciarse la guerra a los Estados Unidos.

 

     Desde que vio su trabajo, lo entusiasmó locamente con un amor a primera vista y decidió adoptarlo como su padre, ya que no le había tocado contar con uno, o mejor dicho, tuvo uno que se murió antes de él conocerlo.

 

     Ese padre que no conoció se llamaba Antonio del Río del Río (para que no hubiera duda de lo aguado del apellido), pero se desempeñó en la vida como comerciante del pueblo (en Zamora Michoacán), por lo que dudo lo hubiera encaminado por el camino de la caricatura, y lo más probable es que hubiera terminado su vida vendiendo cortes de tela a las preciosas inditas tarascas que llegaban al portal de Zamora a comprar cosas.

 

     Así pues, sus primeros monos fueron calca de Steinberg, siguiendo su línea de dibujo, pero adoptando él la idea de la caricatura. Rius notaba que influían sobre él las ideas para elaborar chistes a partir de otros.

 

     En ese tiempo llegaban a México muy pocas revistas de humor de otros países. Y libros, no se diga; casi no existía ese género en la librería mexicana.

 

     Entonces se animó un día a entrar a la “Libraire francaise” del Paseo de la reforma y bucarelli, a sabiendas de lo caro que resultaban los libros franceses.

 

      Pero pues había que hacer de tripas corazón y empezar a hacerse una biblioteca relacionada con la nueva profesión que había decidido iniciar en detrimento de su trabajo en la funeraria.

 

      Así descubrió a los moneros franceses. Steinberg, padre y maestros de sepa cuántas generaciones de moneros, ejerció sobre todos ellos una fascinación que no ha vuelto a repetirse con ningún otro monero. La aparición de su libro “Todo en líneas” en español, se volvió la Biblia de todos.

 

     La primera vez que Rius hizo un cartón para publicarse, trabajaba todavía en la funeraria Gayosso como telefonista. Además era el encargado de las ambulancias para enfermos no contagiosos, junto con Claudio Obregón, el hoy aclamado y excelente actor, quien un tiempo desempeñó en la casa de los muertos el mismo trabajo.

 

     También, tenían que revisar los periódicos y recortar las esquelas que aparecían con la firma de la empresa. Pese a todas esas actividades, había días en que le  quedaba tiempo para otras cosas, como leer los periódicos o libros (que le prestaba Polo Duarte de su librería pegadita a la funeraria), resolver crucigramas, o pintarrajear con monos las facturas en sus partes de atrás.

 

     Sus primeros cartones los hizo en Gayosso, aprovechando los ratitos libres, el “tiempo muerto” de una funeraria.

 

     No sabía nada de papeles, plumas o pinceles, ni tenía la menor idea del tamaño a que debía hacer los dibujos. De modo que compró en la papelería de la esquina de San Juan de Letrán y Avenida Hidalgo un block dizque para dibujo, tinta china para pluma fuente, una goma de migajón, y una pluma fuente Esterbrook de puntos intercambiables.

 

     Con ese armamento se inició en la caricatura, haciendo cartones de lo más babosos -y mudos- para la revista Ja-já de la casa Excélsior, semanario de humor que dirigía don Pancho Patiño, jefe del departamento de dibujo del susodicho diario.

 

     Como su ídolo y maestro involuntario en la caricatura era don Saúl Steinberg, aquellos primeros monos, eran casi calcados del insigne maestro. Era un humor muy especial, muy raro, un poco intelectual, siguiendo las modas de esos días, no solo de Steinberg, sino de toda esa camada de caricaturistas europeos que habían surgido siguiendo al maestro rumano, revolucionario de la caricatura. Algunos son Bosc, Chaval, Trez, Canzler, el austríaco, Sempé, Paul Flora, Edme, Mose, y otros por el estilo.

 

 

 

     Un tiempo estuvo haciendo ese tipo de humor muy europeo, hasta que cayó en sus garras un Rico Tipo, la revista argentina de humor donde descubrió al otro maestro involuntario que tuvo después de Steinberg: al añorado Oscar Conti, más conocido como OSKI.

 

     Cuando Eduardo del Río empezó a trabajar en el periodismo, tuvo que inventar su seudónimo, lo hizo latinizando su verdadero apellido para que su familia no se enterara que andaba queriendo meterse al desacreditado y corrompido gremio de periodistas; así surgió el famoso seudónimo “Rius”.

 

 

 

 

 

    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                     CAPÍTULO V

 

 

 

R I U S  A N T E  L A

 

 

 I G L E S I A

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

5.1      POR QUÉ SE HIZO “ATEO”.

 

 

     Volverse ateo en el seno de una familia de rancio catolicismo zamorano, en la que se han dado monjas, curas, obispos, ¡hasta arzobispos! Y peor aún, ¡¡¡Hasta santos!!! (Monseñor Guízar y Valencia resultó de su familia), no es fácil ni recomendable.

 

     Más fácil (y recomendable) resulta convertirse en ateo a partir de haber estado en un seminario y haber trabajado para y en la iglesia católica. Dice el dicho que el que de santo resbala, hasta demonio no para, y parafraseando a Martí y sus conocencias de los Estados Unidos: viví en las entrañas del monstruo y lo conozco.

 

     Alguien dijo también que “la iglesia es la mejor fábrica de ateos que existe”. Y basta haber estado en un seminario católico para volverse anticatólico.

 

     Después de su ignominiosa salida del seminario, ha dedicado buena parte de los cuarenta años que lleva en este oficio, en estudiar y leer todo lo que ha podido referente a la Iglesia Católica Apostólica y Romana.

 

     Los trabajos que ha hecho (entre ellos seis libros de tema religioso), le han valido al menos tres excomuniones. De una de ellas yo me enteré visitando las tumbas de mis antepasados, en Ario de rayón, Michoacán. Al salir del cementerio me llamó la atención un cartelito que habían clavado en la puerta de la capilla. Curioso como he sido siempre, me acerqué a leerlo, para enterarme de que por decisión del arzobispo de México: todos los colaboradores y escritores de la revista SIEMPRE! estaban excomulgados ipso facto y non plus ultra.

 

     Después de hacer su libro “Puré de papas” que seguro le valió otra excomunión, acabó convencido de que la iglesia católica es la institución más nefasta que ha tenido la humanidad en toda su historia.

 

     En un libro se publicó un texto declarado por Rius acerca de la Iglesia Católica, es el que se muestra a continuación. Este texto tiene algunas de las razones por las cuales Rius se convenció de lo anteriormente mencionado.

 

     Me da pena contarlo, con tantos buenos amigos católicos (y familiares) que tengo, pero así es la cosa mi estimado chamuco. Bastará mencionar unos cuantos argumentos que me han llevado a abrazar esa (gulp) triste convicción:

=  La iglesia inventó el antisemitismo que ha costado la vida a varios millones de inocentes judíos.

=  La iglesia financió las cruzadas, que costaron la vida a millones de presuntos herejes e infieles “paganos”.

=  La iglesia apoyó y financió la Conquista de América que costó la vida de millones de indígenas de por acá.

=  La iglesia creó la inquisición.

=  La iglesia apoyó y financió la colonización de África, Asia, y medio oriente donde aniquilaron a millones de seres humanos o los volvieron esclavos.

 

         ¿Basta o le seguimos?

 

     Ahora el lector podrá ver una paráfrasis de lo declarado por Rius en “Rius para principiantes” sobre su “ateísmo”:

 

     En realidad no me considero ateo tradicional, ateo que niega la existencia de Dios. Creo que sí hay un Dios, que creó o inventó o hizo de la nada todo esto, los insectos, las plantas, los seres humanos. No sé que clase de Dios pueda ser, si una gran energía, o un gran arquitecto como dicen los masones, o un gran espíritu como dicen los indígenas; pero me resulta ilógico creer que este planeta y este Universo son un producto de la casualidad y la carambola de la Gran Explosión, y que una florecita – con todo lo que representa una pinche florecita – no haya sido producto de la planificación a fondo por alguien o algo que está más allá de nuestras pobres posibilidades de fabricación en serie de cosas y objetos inanimados. Hasta ahorita, el ser humano no ha logrado crear algo animado, ni siquiera en lo más cercano a eso que es la computadora. Tiene que haber pues algo que lo hizo.

 

     Pero de creer eso a creer en ese Dios injusto, cruel, exigente, alcahuete, represivo, cuentachiles e intruso que predican todas las iglesias inventadas por el hombre, hay un abismo, un abismote.

 

     Más que ateo pues me considero antirreligioso. Estoy en contra de todos los Dioses que ha creado el hombre, y en contra de todas las religiones que ídem del ídem por el ídem.

 

     Creo en una religiosidad natural, que nos permita entrar en contacto con ese ALGO en medio de un bosque o a través de una relación íntima con la pareja, o por medio del dolor que nos produce la pérdida de un ser querido, o en el conecte con un trozo de música de Bach o Beethoven o, como lo hacen los concheros y otros grupos indígenas, en la enajenación divina de la danza.  

 

     Hay muchas formas de conectarse con ese ALGO y posiblemente haya quien lo logre rezando en una iglesia o repitiendo mantrams arriba de una pirámide tolteca. Cada quien con su vida y cada quien con su Dios. Y por lo pronto me declaro agnóstico o sea que sólo sé que no sé nada. Y espero que ese ALGO tome en cuenta mi ignorancia al respecto.

 

     Rius ha escrito ocho libros sobre el catolicismo y cosas parecidas, estos libros son: Manual del Perfecto Ateo, Con perdón de Doré… y de la Biblia, Cristo de carne y hueso, El mito Guadalupano, Jesús Alias el Cristo, La iglesia y otros cuentos, 500 años fregados pero cristianos, Puré de papas; y también ha recopilado información de diferentes partes y ha hecho de allí otros dos libros del mismo tema y son: La Iglesia de los Agachados y Cada quien su Dios.

 

    

     A continuación haré un breve comentario y resumen de dos de estos libros: “Cristo de carne y hueso” y “La Biblia, esa linda tontería”(ya que de los diez libros de tema religioso hechos por Rius, yo sólo he leído estos dos).

 

 

 

     Del primero se han publicado varias ediciones, y es, en resumidas cuentas, un pequeño estudio de las diferentes hipótesis que los hombres de ciencia han hecho sobre la figura humana de Cristo y otras figuras menores de la mitología cristiana, recopiladas y comentadas por Rius.

 

     Si usted se considera un cristiano fanático y cerrado, mejor ni lea este libro. Pero si por encima de todo, piensa y razona y tiene su mente abierta a las ideas, pásele con confianza.

 

     El tema de este libro es más viejo que la Iglesia católica: ¿Cristo era Dios o lo hicieron Dios?. Los primeros siglos del cristianismo fueron de una lucha incesante y apasionada entre los defensores de las dos tesis, hasta que a la larga la teoría de un Cristo "“hijo de Dios"” fue impuesta como dogma…

 

     Hoy ha vuelto a surgir, con el apoyo de la ciencia, la duda sobre la figura real de Jesús, haciendo a un lado la leyenda y el dogma.

 

     En este libro las primeras 143 páginas son con caricaturas de Rius y muchos datos y análisis a manera de cuentito, las últimas veinte páginas contienen citas textuales de diversos autores de este tema, entre ellos están: Voltaire, Luis Lara Pardo, Hegel, Wilhem Dilthem, Federico Engels, Luz María Durand y otros.

 

 

 

 

A mi entender, la religión se

basa, primordial y principalmente

en el miedo. Es en parte el terror

de lo desconocido, y en parte,

como he dicho, el deseo de sentir que

se tiene una especie de hermano mayor

que va a apoyarnos en todos los apuros

y disputas. El miedo es la base de

la religión; miedo de lo misterioso, miedo

de la derrota, miedo de la muerte.

El miedo es el padre de la crueldad,

y por lo tanto, no es de extrañar que la

crueldad y la religión vayan de la mano.

Sir Bertrand Russell.    

Un personaje que influyó en la elaboración de este libro para Rius fue Sigmund Freud, a quien Rius en lo personal admira mucho y le agradece que le haya enseñado a pensar bien las cosas.


     El segundo libro (La Biblia, esa linda tontería) Rius se lo dedicó a varios hombres necios que lo han enseñado a no tener fe y mejor pensar, entre ellos: Carlos Marx, Charles Darwin, Sigmund Freud, Bertrand, Russell y otros. También se lo dedica a Oski, que siempre quiso hacer ese libro.

 

     El libro es en sí una crítica de todos los “errores” de la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. El libro, a guisa de epílogo, contiene un texto hecho por Osho (un caricaturista y escritor) exclusivamente para el libro de Rius.

 

     Para elaborar el libro, el autor se apoyó en textos de Isaac Asimov (Guía de la Biblia), de Voltaire (diccionario filosófico), de M. Barthel (Lo que dijo verdaderamente la Biblia), de J. G. Frazer (El folklore en el antiguo testamento), de Richard E. Friedman (¿Quién escribió la Biblia), y por supuesto de La Biblia (Ediciones Paulinas y de la antigua versión de Casiodoro de reina).

 

     El material gráfico utilizado en ese libro, procede principalmente de las ilustraciones de la Biblia que hicieron Doré y Carosfeld, este último por cortesía de Rainer Hachfeld, de Berlín y del archivo Rius, y Dover Books.

Para Rius, la Iglesia Católica, Apostólica y Romana es la peor institución de todos los tiempos.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

                 CAPÍTULO VI

 

 

 

S U S  I D E A S 

S O B R E  E L

 C O M U N  I S M O

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



6.1      POR QUÉ SE HIZO COMUNISTA.

 

 

     En 1958 Rius se estableció más o menos en Novedades, al contar ya con lugar fijo los domingos, ilustrando la columna del oso Teisser (corruptísimo pero buen periodista, muy al estilo del maestro de la corrupción que fue Carlos Denegri). Cuando no soportó seguirle ilustrando sus cosas a Teisser, independizaron su cartón y empezó a hacer lo que él quería, aunque siempre con la espada de la censura de Beteta encima.

 

     Entre semana, también estableció un espacio más o menos fijo, y ya estando en Novedades, segundo Periódico en importancia después de Excélsior, era más visto su trabajo en ovaciones.

 

     Sería por eso, me imagino, que un día recibió una invitación del agregado cultural de la embajada de los USA, para asistir a la exhibición de un documental sobre un caricaturista norteamericano, del que no recuerdo bien el nombre pero parece que se llamaba Bill Mauldin, que estaba en ese tiempo en el candelero. Ya en la pachanga posterior, entre tragos de whisky, el agregado de prensa de la Embajada, Mr. Serban Vallimarescu, le comunicó extraoficialmente que lo habían elegido para visitar los estados Unidos con todo pagado, por invitación del departamento de estado (Foster Dules, nada menos, el padre de la Guerra Fría). Los anteriores invitados habían sido Fa-cha, y Freyre, y obviamente se le hacía algo raro que él fuera el elegido para 1959.

 

     Aceptó sin pensarlo dos veces. Si bien no simpatizaba el michoacano mucho que digamos con los USA y su política anti – nuestra, no tenía tampoco muchas simpatías con el otro bando donde Stalin seguía haciendo de las suyas.

 

     Así, el 20 de abril de 1959 salió por American Airlines rumbo a Washington, vía Atlanta, para recorrer media unión americana. Era primera vez que volaba. Abajo unas palabras de Rius referentes a su viaje a los United States.

 

     Con los Estados Unidos me pasó como con la Iglesia Católica: me bastó conocerlos para hacerlos a un lado de mis simpatías. No hablo del pueblo norteamericano, que es una gente muy vital, muy loca, sino de la política del gobierno. (…).

 

     El compromiso con la embajada era hacerle un folleto de mis impresiones pero no les gustó mi proyecto y no se hizo nada. Me ofrecieron entonces 50 dólares por cada cartón anticomunista y les dije que iba a pensarlo. Y lo sigo pensando hasta ahorita…

 

     El viaje a los USA fue mi primer salida fuera de México, con 24 años de edad y sin saber inglés (hasta la fecha apenas me defiendo).

 

     Un mes recorriendo New York, Chicago, San Louis Missouri, San Francisco, Los Ángeles (horrorosa ciudad), Albuquerque, Santa Fe, Taos, New Orleans, y Miami. Estaba planeando Puerto Rico o Miami y yo, menso de mí elegí Miami. (a su regreso Freyre le confesó que en Puerto Rico era donde soltaban la lana).

 

     Al planear mi itinerario en Washington, junto con los burócratas del State Department yo había pedido visitar también Salt Lake City, Atlanta u otra ciudad negra, y algún establecimiento penitenciario, preferentemente Jolliet, por razones familiares (un tío había residido en ese hotel) y visitar también una reservación india. Fue lo único que me concedieron de mis peticiones.

 

     Empezaba mal el viaje y se puso peor, pues el mismo día que yo, llegó Fidel Castro a Estados Unidos. Los días pues que debí de haber estado en Washington, pedí cancelarlos y mejor pasarlos en New York, por el interés que tenía yo como periodista de conocer a Fidel. No les parecía muy bien a los gringos mi interés por el carismático barbudo, pero aceptaron mi cambio.

 

     En New York anduve tras las huellas de Fidel, su hotel estaba a media cuadra del mío, logré colarme a una entrevista que tuvo en el diario hispano La Prensa, donde logré hacerle un intento de entrevista (que se negaron a publicarme en Novedades, pese a la friega que me llevé en tomarle fotos y hacerle la entrevista), conocí a otros famosos barbudos como Camilo Cien Fuegos y Regino Boti. En este viaje escuche Jazz como loco.

 

     Ni el catolicismo familiar ni el seminario salesiano le aportaron una explicación satisfactoria de la vida. A los dieciséis años de edad estaba lleno de preguntas que nadie le contestaba, ¿Para qué diablos estamos en este mundo cruel y salvaje?, ¿De dónde venimos y a dónde vamos?, ¿Cuál es nuestra misión?

 

     En el seminario tenían prohibida la lectura, hasta de la Biblia. En su lugar estudiaban una versión color de rosa llamada Historia Sagrada, donde se enteraban de las aventuras de los personajes bíblicos desde Adán y Eva hasta Jesús el Nazareno. Vidas de santos y santas y fragmentos muy escogidos de la literatura española del siglo de oro. Pero ni esperanzas de leer a Julio Verne o Salgari.

 

     Con otro seminarista de Guadalajara que más que cura quería ser torero, Vázquez se apellidaba, un día descubrieron que en un torreón clausurado de la vieja hacienda, los señores curas habían escondido los libros que les confiscaban a los alumnos. Ahí encontraron sobre todo a Julio Verne, que no sé francamente por qué no podían leer, con lo inocente que era la trama de sus libros. Pero, con todo y lo interesante que les parecía su lectura ( y más a escondidas), Verne no le decía nada.

 

     Ya expulsado del seminario, las ganas de leer empezaron a encontrar modo con los libros de su hermano el mayor, que toda su vida militó en el Panismo, pero que al menos tenía libros que podían leerse con más gusto y provecho que la vida de los santos. Rius recuerda uno que todavía conserva y relee de vez en cuando, La importancia de vivir, el clásico de Ling Yu Tan, que habla sabrosamente de un modo oriental de vivir, muy distinto del modo judeocristiano en que lo habían “maleducado” los salesianos.

 

     Otra lectura a la que era muy afecto su hermano era la del “Triunfo en la vida”, esa corriente proveniente de los empresarios gringos que encabezaba en México don Juan de Dios Legorreta, que planteaba la audacia, el tesón, la honestidad a ultranza, el ejercicio, el aseo personal, la presentación, y todas esas virtudes que harían que el individuo triunfara en el mundo de los negocios para crear una familia cristiana y etc.

 

     El objetivo de la vida, predicaba este Og Mandino del tercer Mundo de los años 50, era triunfar y hacer pachucha, para poder vivir bien vestido, bien comido, tener casa y coche propios y ver con cierta compasión cristiana a los que se habían quedado atorados en el camino arduo de la vida por culpa de una botella o un vicio mayor llamado “mujeres”. En suma, The Mexican Way of Life, pero el pan y yendo a misa todos los domingos y fiestas de guardar.

 

     Superada la pequeña biblioteca de su hermano, el paso siguiente rumbo a su politización, lo dio de la mano de Polo Duarte, el legendario librero de usado que tenía su changarro junto a la funeraria de la Avenida Hidalgo, su informal Universidad.

 

     Polo Duarte fue una especie de Mecenas para muchos escritores mexicanos. En su librería se reunían Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Carlos Monsiváis, creo, Rosario Castellanos, Rodolfo Usigli, Fernando Benítez y todo la camada que se inició en los años cincuenta. Con él conseguían cualquier libro que necesitaran, a buenos precios y de segundo cachete. Duarte, o los Duarte, padre e hijo, eran refugiados españoles y republicanos, es decir de izquierda.

 

     La vecindad de la librería Duarte con la funeraria, pronto lo volvió cliente de los Duarte. Al paso del tiempo, Rius y el bibliotecario llegaron a un acuerdo (que tenía con varios de los incipientes escritores): Rius le compraba un libro y tenía la opción de quedarse con el o cambiarlo por otro hasta dos veces. Es decir, pagaba uno y leía tres. Ignorante Rius de todo lo que era literatura mundana, se dejó aconsejar por Polo respecto a qué leer. Gracias a sus consejos tuvo oportunidad de conocer todo lo que fue la literatura norteamericana de esos años: Dos Passos, Steinbeck, Faulkner, Saroyan (su favorito), Scott Fitzgerald, Erskine Caldwell, hasta Henry Miller, Upton Sinclair, así como la corriente francesa de moda: Sartre, Camus, el gran André Malraux y muchísimos etcéteras.

 

     Gracias a Polo leyó a Edgar Alan Poe, Maupassant, Ciro Alegría, Rómulo Gallegos, Labrador Ruiz, Carpentier, Chejov, Pío Baroja, Chesterton, Bocaccio, Víctor Hugo, Romain Rolland, Kasantzakis, Panait Istrati, Stefan Sweig, Juan Rulfo, y al paisano que influyó tanto en su trabajo: José Rubén Romero y su Pito Pérez.

 

     Es por eso que Rius afirma que Gayosso fue su universidad, como un agregado de la librería Duarte. Su facultad de Ciencias Políticas y Sociales y de Filosofía y letras. Recuerdo que hasta Kierkeegard leyó con don Polo, con poco éxito de comprensión de parte de del Río (confesado por él mismo).

 

     Más tarde, ya egresado de su Universidad, cuando entró a Novedades y tuvo oportunidad de conocer  a otros dibujantes y periodistas, un día recibió la invitación de parte de Carlos Vigil, jefe del departamento de historietas de Novedades junto con Marino Carrera, un viejo comunista español, de entrarle a un círculo de estudios de marxismo.

 

     En él participaban el mismo Carlos Vigil, su hermano Guillermo, dibujante, Nikito Nipongo o Raúl Prieto, como gusten llamarle, Pedro Zapiáin el recordado creador de Chanoc  y otros.

 

     En ese círculo de estudios se inició Rius en el marxismo, sacadísimo de onda, pensando que se trataba de formar una especie de grupo guerrillero, de lo que se trataba inocentemente era de aprender a comprender la vida y a interpretar la historia de este mundo, y humanidad que le acompaña desde hace un chorro de años.

 

     Las nociones de dialéctica y la visión materialista de la filosofía de la vida, le abrieron unas ventanotas enormes en su afán de entender las cosas. Por fin estaba encontrando respuestas, aunque estas le resultaban en muchos casos traumatizantes para un exseminarista educado en las tenebras del catolicismo preconciliar de Juan XXIII.

 

     Más tarde en 1961, tras su viaje a Cuba y los países socialistas, con la influencia de sus compañeros de viaje, dos de ellos militantes de izquierda (Froylán del Partido Comunista y León Roberto del PPS de Lombardo), decidió afiliarse al Partido Comunista Mexicano, donde militó más o menos siete años.

 

     Obviamente, aunque resulte difícil de creer, la intención de meterse al comunismo, vino a ser una prolongación de los ideales del seminario. Allá se trataba de imbuirles la idea de cambiar a la sociedad con la prédica de las ideas cristianas del Evangelio, meta bastante utópica si bien se ve. En el marxismo igualmente, se trataba de cambiar a la sociedad con la prédica de las ideas socialistas de Carlos Marx, meta bastante utópica si bien se ve. Es decir, al menos a mi modo de ver, era la misma lucha pero con diferente evangelio a seguir.

 

     Con los dos sistemas de lucha se ha fracasado. El cristianismo no ha logrado cambiar al hombre en sus casi dos mil años de existencia: cada vez estamos peor. Y el marxismo con sus apenas 100 años de existencia, tampoco lo ha logrado mucho que digamos, ni en los países mal llamados socialistas, q.e.p.d.

 

 

 

Los documentos de Carlos Marx se convirtieron en su “Biblia”.


 

     Sin embargo, Rius no se arrepiente todavía de haberse hecho comunista. El marxismo le sirvió enormemente para enfocar su trabajo y darle una dirección que sigue creyendo es la correcta. La militancia dentro del Partido también fue fundamental en su vida y su trabajo, para comprender sobre todo la inutilidad de militar en esa forma en una lucha política. Sigue pensando utópicamente que el mejor sistema socioeconómico es el socialismo que, comparado con este capitalismo salvaje y criminal (según Rius), es el único que puede aportar soluciones masivas a los problemas que está pasando la humanidad toda.

 

    <<Falta algo que no he acabado de diagnosticar. Una mística, un aspecto espiritual que le dé al individuo motivación suficiente y necesaria para el trabajo en común. Un “algo” que convierta al socialismo en un sistema diferente al que se practicó desde 1917 en la URSS y anexas, muy diferente a esa broma tropical que se llamó socialismo cubano. Espero confiado que algún día alguien lo encontrará, si Dios quiere…>>

 

    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6.2       CUBA, LA QUE CAMBIÓ SU VIDA.

 

 

Cuba, el lagarto verde.


     Cuba, la isla con forma de un verde lagarto verde, diría Nicolás Guillén, fue por muchos años el motor de sus inquietudes políticas. En rigor puedo decir que Cuba y su Revolución cambiaron su vida.

 

     Todavía andaba Fidel Castro por estas tierras, cuando entró en contacto por primera vez con los revolucionarios cubanos. No he podido saber a ciencia cierta si uno de los cubanos con quienes una vez compartió unas gelatinas en un cafecito que se ubicaba en Puente de Alvarado, era el mismo Fidel Castro.

 

     Debe haber sido el año 1957, que se dio ese y posteriores encuentros. Trabajaba del Río en Ovaciones y muchas veces asistía  a ese cafecito (creo que se llamaba Elite) a despacharse unas gelatinas y un cafecito, y ahí se encontraba muchas veces a cubanos exilados discutiendo sus problemas y hablando mal de don Fulgencio Batista, buscando la manera de botarlo.

 

     Producto de tantos encuentros fue que un día, lleno el café tuvo que compartir la mesa con dos de ellos, que al saber que él hacía caricaturas políticas, le proporcionaron información sobre su lucha, con la que empezó a hacer cartones a favor del movimiento 26 de julio. Le publicaron varias en el periódico Ovaciones y otras más adelante en Novedades, donde se había refugiado tras la corrida del primero.

 

     Había ya ingresado a la AMP, donde también asistían de vez en cuando los cubanos para entrar en contacto con periodistas que dieran a conocer sus luchas y tribulaciones en el exilio mexicano.

 

     Al triunfo de las guerrillas y posterior fuga del tiranuelo Batista, el primero de enero de 1959, algunos de aquellos cubanos se apoderaron del edificio de la Embajada y entre sus primeros actos de nuevos “embajadores”, invitaron una noche a un grupo de periodistas para celebrar en forma la caída del mulato Batista.

 

     Rius estaba entre ellos y esa noche recibió informalmente la invitación para ir “alguna vez” a Cuba. La invitadora en esa ocasión fue la Dra. Teté Casuso, que fungió como embajadora en aquellas turbulentas primeras semanas de Castrismo.

 

     Pasó la fiesta, y un día, a raíz de los juicios a los criminales de guerra en La Habana, se decidió organizar la Operación verdad, llevando a Cuba un avión cargado de periodistas, para contrarrestar las críticas que en todo el mundo se habían soltado por los fusilamientos en Cuba de militares y policías batistianos.

 

     Tere Proenza (secretaria de Teté Casuso) le habló por teléfono a Eduardo para invitarlo al viaje. Rius no tenía pasaporte en regla, pero sí inmensas ganas de asistir y de conocer Cuba. Aceptó casi enloquecido, y para cumplir el pasaporte, la embajada le extendió un documento que le permitiera sortear los obstáculos migratorios por no tener pasaporte al día.

 

     Estaba ya preparando su maleta cuando le surgió una duda, ¿Si voy a Cuba, podré contar al regreso con mi trabajo en Novedades? Tenía poco de haber entrado al periódico, en ese tiempo prestigiado y lleno de buenos periodistas, y aunque no tenía todavía lugar fijo, lo tenían como bateador emergente, cuando fallaba el Chango Cabral o Guasp. Les gustaba su trabajo, y ya le habían recién dado un espacio en las páginas posteriores a las editoriales.

 

     Optó pues por ir al periódico a pedir permiso de ausentarse dos semanas. Beteta, viejo zorro político y exsecretario de Hacienda con Alemán (dueño del periódico), le dijo de plano que si se iba a Cuba perdía su trabajo en el periódico. En fin, para no hacerles el cuento largo, terminó pudiendo más su temor al desconocido futuro que sus ganas de irse a Cuba.

 

Por fin Rius iba a poder ir a Cuba.


     En 1961, sin embargo, se presentó otra oportunidad de ir a Cuba…por carambola. Estando como ya dije anteriormente en la AMP (Asociación Mexicana de Periodistas), le llegó una invitación para visitar la Unión Soviética, de parte de la Unión de Periodistas Soviéticos. La escueta invitación no decía más, así que en pocos días había una lista de más de cien periodistas deseosos de emprender el viaje a la mayor brevedad posible.

 

     Pocos días después llegó una invitación más detallada; los periodistas soviéticos se comprometían a pagar todos los gastos desde el momento de llegada de los invitados a Moscú. Ahora el único problema para la mayoría de los invitados era cómo llegar a Moscú. La lista se redujo bastante. De los 100 y pico de viajeros en potencia, quedaron solo cuatro.

 

     Eran: León Roberto García, nieto del Gral. Cruz, exjefe de policía cuando Calles; Froylán Manjarrez, sobrino de Don Gilberto Bosques, en ese tiempo embajador de México en Cuba y sobrino también de otro viejo político cardenista, el senador Manjarrez. Los dos restantes eran Alberto Domingo, de la revista Siempre!, donde también Rius colaboraba desde 1960 y el mismo zamorano. León Roberto y Froylán, no tenían problema para costearse el viaje, pero Alberto y del Río sí, por exceso de falta de circulante (entiéndase lana).

 

Moscú, punto de reunión de los periodistas soviéticos.


     En una reunión de la AMP convinieron en un plan ranchero con el fin de llegar a Moscú. La idea era esta: conseguir la forma de llegar a Cuba, en donde podrían trabajar y juntar dinero para llegar a Moscú. Tenían informes de que ya había vuelos de La Habana a Praga muy económicos, y pensaron que una vez en Praga, no faltarían camiones que salieran cada quince minutos a Moscú.

 

     Empezó Rius una campaña de estirar la mano ante sus amigos más favorecidos por la fortuna, con tan buen éxito que en pocos días había juntado lo que costaba el pasaje en avión a La Habana. Entre los benefactores del viaje estaban Mauricio Ocampo Ramírez que era presidente de la AMP, José Iza y su fábrica de suéteres Merlán, y Víctor Cobarrubias que con su hermano atendía una tienda de abarrotes a donde acudía nada menos que Fidel Castro (cuando vivía en México por supuesto).  

 

     Ya con el boleto a La Habana, iniciaron los cuatro el viaje, con la esperanza de llegar a Moscú antes de invierno. Periodistas como eran los cuatro fueron atendidos luego luego en Cuba y alojados en un Hotel que se llamaba en ese tiempo Rosita de Hornedo en el reparto Miramar, y cuya característica principal era la posesión, en el hall del hotel, de un piano que había pertenecido a un tal Ludwing Van Beethoven. La tal Rosita de Hornedo, por otra parte, había sido la muy querida de un millonario cubano, azucarero y político, que prendado de la anatomía de Rosita, le regaló un Hotel con su nombre… y un piano de Beethoven.

 

     Apenas empezaron a sentir los primeros calores cubanos, iniciaron los contactos con la prensa cubana, a fin de trabajar, para conseguir el dinero necesario. Rius estuvo haciendo cartones para los periódicos que habían sobrevivido a Fidel (Hoy, comunista y Revolución, de los barbudos) y le estuvieron publicando caricaturas en el recién nacido semanario de humor “El Pitirre”, donde conoció a los jóvenes moneros cubanos.

 

     Una vez enterado los periodistas cubanos de su estancia, los invitaron a conocer algo de Cuba y a escribir sobre los logros de su joven Revolución. Visitaron varias cooperativas campesinas, viajaron al bellísimo (he visto fotos) plan turístico de Guamá (primer plan loco de Fidel) y sus aledaños lago artificial y criadero de cocodrilos. Recorrieron la Habana, visitaron los famosos burdeles habaneros, jugaron algunos centavos en el casino del Capri.

También se dedicaron en cuerpo y alma a tratar de hablar con Fidel Castro para hacerle la clásica entrevista. No lograron entrevistarlo, pero si saludarlo y cambiar palabras al pescarlo saliendo de la cocina del Hotel Nacional.

 

El inentrevistable (al menos para Rius) Fidel Castro.


     Rius ya lo conocía (el lector ya lo sabrá si no se saltó las páginas anteriores), pero nunca, en sus diecisiete visitas posteriores a Cuba, ha podido hablar con él durante más de un minuto. Cierto que nunca lo solicitó, pero estuvo cerca de tener con él una plática compartida con Víctor Rico Galán, cuando el fallecido periodista de Siempre!, inició la elaboración de una biografía del Comandante, que posteriormente terminó por no hacerse a petición del mismo Fidel.

 

     En esa oportunidad Víctor y Rius compartían el mismo hotel, y el maestrito había accedido a que se quedara a su plática con Castro, que se haría en su cuarto. Pero los ayudantes del comandante no accedieron a que él se quedara y antes de su arribo tuvo que ahuecar el ala y esperar otra oportunidad (que nunca llegó).

 

     En cambio, y a cambio de la entrevista con Fidel, los cuatro tuvieron varias con funcionarios menores y una con don Raúl Roa, entonces ministro del exterior. Rius se dedicó más a entrar en contacto con los caricaturistas cubanos, con quienes conoció otros aspectos de Cuba y se acercó a otras realidades no oficiales de la Revolución. Ese primer viaje a Cuba, vivido intensamente por la necesidad de trabajar, y mandar cartones a La Prensa y Siempre!, es decir, vivido en contacto directo con el periodismo cubano y sus protagonistas, le permitieron adentrarse un poco tras los telones del espectáculo.

 

     Siempre los periodistas son conducto de información no oficial y no publicada, que solo comparten con otro del mismo pesebre. Interioridades y confidencias, chismes y rumores, son materia siempre dispuesta en las publicaciones de los periódicos. El periodista acaba por ser parte importante de los procesos revolucionarios, por su constante encuentro con los dirigentes, a los que “les sabe” todo, hasta el color de los calcetines.

 

     Siempre el periodista sabe lo que va a pasar antes de que se publique en la prensa. Si es que se publica… me imagino que es por eso que se persigue tanto a los periodistas, pues al no hacerse cómplices del poder, se convierten, a los ojos del poder, en enemigos perpetuos y en potencia.

 

     Este rollo infame es para decir que desde ese primer viaje, empezó a saber “cosas” que no eran para publicarse, y que treinta años después le servirían para hacer “Lástima de Cuba”, libro con el que, al decir de algunos cubanos, “se viró” y le dio la espalda a Fidel Castro y asociados.

 

     Su posterior ingreso al Partido Comunista Mexicano (al regreso del viaje de la URSS), lo hicieron tener acceso a más información no oficial de las realidades cubanas, a cosas que solo circulan entre camaradas y no son publicables.

 

La Revolución Cubana es un tema que Rius ha abarcado en varios de sus libros.

 

 


     Indudablemente que esa Cuba que él estaba conociendo y esa Revolución que apenas estaba naciendo y produciendo brotes de esperanza, le gustaron al grado de entusiasmo. Sufrió el contagio de la enfermedad que había atacado a millones de cubanos y cubanas, y se prometió apoyar y defender como fuera, la causa de Fidel y sus barbudos.

 

 

 

 

 

 

 

 

6.3      UNA POLÉMICA CUBANA.

 

    

     Nuez y Posada, sin duda los dos mejores caricaturistas que ha tenido la Cuba Castrista, estaban en México en 1967 para presentar una exposición conjunta de sus obras. Los dos eran viejos conocidos de Rius, quien estuvo con ambos en comidas y cócteles, enseñándoles un poco de la ciudad y platicando a pasto, al estilo cubano, sin parar.

 

     En una de esas pláticas, Nuez y Posada se quejaron horrores de la censura que los nuevos gobernantes habían impuesto al periodismo, y muy especialmente a la caricatura.

 

     Le señalaron al detalle lo que pasaba, la imposibilidad de hacer un humor crítico de lo mal hecho y de los errores, y le pidieron que él, que tenía buena imagen en Cuba, como amigo de la Revolución y cuyas suyas caricaturas se publicaban frecuentemente por allá, hiciera un artículo planteando la necesidad de la apertura en los medios y un aflojamiento en la censura. Estuvo de acuerdo.

 

     En ese tiempo Rius dirigía un suplemento de humor (El Mitote Ilustrado) para la revista SUCESOS del transa editor Gustavo Alatriste, que dirigía Nikito Nipongo, tras la renuncia del Gabo García Márquez, como director y su retiro para escribir “Cien años de soledad”.

 

     El artículo apareció en siete de las doce páginas. A continuación la introducción íntegra del artículo (para que sepan más o menos de qué se trato):

 

 

No es un secreto decir

que Cuba no ha dado grandes

caricaturistas a través de su historia,

un pueblo esencialmente musical,

extrovertido, builanquero, y aparentemente

superficial, no parece ser campo propicio para

el desarrollo de buenos caricaturistas.

Al menos así lo dice la historia

de humor cubano, que ha registrado

pocos nombres ilustres,

que pocas veces han salido de sus

fronteras.

 

 

 

 

 

    

     Rius estaría muy orgulloso de poder decir que el Che Guevara y él fueron amigos, pero mentiría, ya que según él, las circunstancias que se presentaron, no fueron propicias. Yo creo que ambos se conformaban con su mutua admiración.

 

     Su primer encuentro con el Che, lo dejó traumado. Rius formaba parte de una pequeña delegación de comunistas mexicanos, que invitados por la contraparte cubana del PCC, estaban esperando la llegada del Che a su despacho, ansiosos de conocer y platicar, con el legendario personaje.

 

     Llevaban casi una hora en espera del Che, hasta que su secretario les avisó que, ahora si ya había llegado. Se abrió una puerta lateral y entró, seguro de sí mismo y dijo: ¿quién es de ustedes Rius?

 

     Mudo de la impresión, el interpelado solo atinó a señalarse con el dedo y dar unos pasos  hacia él, que le extendió la mano, le palmeó la espalda y le dijo que le gustaba mucho las cosas que él hacía en el Siempre!

 

     Rius se sentía muy raro, hasta que el comandante guerrillero los invitó a sentarse a una mesota para platicar un rato. Una de las preguntas que Rius le hizo, fue en relación a la coca-cola del che (que así llamaban los cubanos al sustituto de la coca que había inventado don Ernesto, el jefe).

 

     El secretario del Che le habló a Rius para decirle que don Ernesto quería hablar con él. Tres o cuatro días después volvió a verlo, se trataba de una petición que quería hacerle. El jefe de una revista venezolana estaba muy enfermo y el Che le propuso a Rius que el se hiciera cargo. También le dijo que llevara una exposición de el a Cuba.

 

     Rius aceptó, después de tiempo. La exposición, se hizo en Cuba, pero no trató solo del Che, sino de todos los caricaturitas mexicanos que estaban a favor del Che y de la Revolución Cubana.

 

 

     A pesar de que Rius ya no volvió a ver al Ché mas que en fotos, seguía investigando de Guevara.

 


     Por su parte el guerrilero argentino, le enviaba cartas, las cuales facilitaron el trabajo de Rius en A, B, Che, que contiene la escena en que acecharon al Che y a sus amigos tal cual el mismo Guevara la describió.

En la ilustración, se muestra una pintura que representa una batalla de la Revolución Cubana.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                        CAPÍTULO VII

 

 

 

S U  O P I N I Ó N 

S O B R E

 

 

L A  C O M I D A

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 


7.1      POR QUÉ SE HIZO VEGETARIANO.

 

 

     Ser vegetariano en el país de los tacos era visto como crimen de lesa patria en los años sesenta. El que renunciaba a los bistecs y a la moronga,  se exponía a la cuchufleta pública, y privada, y la mirada cuestionante de “¿y este cuate a qué le tira?

 

     Rosita Dobleú, esposa de Rius y colorista de la historieta, padecía desde varias centurias atrás, de un problema de tiroides combinado con bichos de esos que se anidan de por vida en el intestino. Ninguna terapia médica le había dado resultado, hasta que alguien le recomendó ver a un médico naturista, el ya viejito Dr. Juan Sperl (creo que ya hasta falleció). Su terapia consistió entre otras hierbas en volverla vegetariana. Y siendo ella la encargada de la cocina, la familia toda tuvo que entrarle a las ensaladas, extrañas combinaciones de vegetales hasta entonces desconocidos para Rius y su familia.

 

     También le recomendó la lectura de un libro del naturista chileno Lezaeta Acharán (Manual de curación natural), que fue el primer libro que Rius leyó sobre esas extrañísimas cuestiones. Pero la terapia dio resultado y Rosita se curó de sus males con los métodos casi de “brujería” de Juanito Sperl.

 

     Animado e intrigado por saber más, Rius empezó a buscar literatura del vegetarianismo, que en esa época brillaba por su ausencia en las librerías, no sólo para conocer sus misterios, sino para darlos a conocer vía historieta. Ya convertido al vegetarianismo, pudo comprobar “en carne propia” que dejar la carne resultaba muy benéfico para su salud física y mental, y lo más importante para Rius, que le permitía jugar sus cascaritas futboleras en mejores condiciones(recordemos que iba en el seminario, donde siempre se juega fútbol). Si antes de volverse hierbero, apenas aguantaba medio tiempo a sus (en aquel entonces) casi cuarenta años y bajo el calor ardiente del bajío morelense (jugaba
en un equipo de veteranos del Seguro Social, bautizado como el Atlético Reumático, con puros médicos mayores de treinta y cinco años).

Rius, a partir de su vegetarianismo, ha hecho investigaciones y estudios (en otros libros) sobre diversas plantas medicinales y comestibles.


     De los estudios y práctica propia, salió su primer librito de comida sin carne, La panza es primero, convertido al paso de las ediciones en el libro de mayor venta en toda la historia editorial mexicana: más de seiscientos mil ejemplares vendidos y varios miles de convertidos a la hierba (que se come, no de la que se fuma).

 

     Tras la difusión del libro y otros similares, se creó en México toda una industria del naturismo, surgiendo cientos de tiendas en todo el país, entre ellas una cadena de tiendas creada por la amiga del exitoso escritor Irene Sánchez, en Guadalajara, que llevan por nombre La Panza es Primero (en honor al libro pionero).

 

     El volverse involuntariamente como el “apóstol del naturismo” (así lo consideraban algunos), lo expuso a la difícil situación de ser considerado por algunas gentes como una especie de gurú, combinado con taumaturgo. En muchas ocasiones en que se presenta en público para decir “tonterías”, se le acerca gente que le expone sus problemas de salud, pensando que va a recetarles o a imponerles las manos para curarlos al instante.

 

     Eduardo del Río, además de La Panza es Primero ha hecho otros libros de comida vegetariana como No consulte a su médico, El hierberito ilustrado, 100 plantas que se comen, el cocinero vegetariano, y los cómics naturistas de Rius.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                       

 

 

                    CAPÍTULO VIII

 

 

 

O T R A S  O B R A S  

 

  D E  R I U S

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

8.1 OBRAS DE RIUS.

 

    

     Necesitaría otro libro para hablar de todos los libros que ha hecho en sus casi cuarenta y cinco años como caricaturista. Dios no lo quiera, ni que tenga que hacer otro libro, ni que viva otros cuarenta años para demostrarse a sí mismo que puede ser un buen caricaturista…

 

     Y es que en realidad ésa fue la meta que se impuso en 1955 al tener que escoger entre irse a St. Louis Missouiri a sacar su doctorado como embalsamador, o dedicarse a la caricatura: ser un buen caricaturista. No el mejor, ni el más popular, que eso se queda en sueño guajjiro, sino simplemente bueno. Y sin demasiada exigencia, del Río siente que lo ha logrado, con muchas dificultades y broncas de todo tipo, pero ha cumplido consigo mismo.

 

     Constantemente le pregunta la gente que cuántos libros había escrito. Y hasta que no se puso a elaborar la lista, no cayó en cuenta de la tremenda cantidad de libros que le habían publicado: ¡¡88 libros!! Y lo pongo entre dobles signos de admiración porque es una cantidad estratosférica de libros publicados para alguien que no se dedica en sí a escribir libros, sino que se dedica a hacer entrevistas, dar noticias en periódicos y revistas y hacer caricaturas para las mismas.

 

     Su primer libro fue Cuba para principiantes, editado y distribuido por él mismo. Hasta que sus compañeros vieron con ojos fenicios que tenía pegue y podría ser un buen negocio. La segunda edición salió ya con la razón editorial del Fondo de Cultura Popular, que así se llamaba la editorial de su “glorioso” partido.

 

     Con el FCP editó los primeros libros (Marx para principiantes, La joven Alemania, Lenin para principiantes, Caricaturas Rechazadas y Rius en Política).

 

     Estos libros se empezaron a vender muy bien, aunque al autor no le fue muy bien por lo transas que resultaron los camaradas a la hora de pagar los derechos de autor. Aparte de mala distribución, mala paga…

 

     Rius ha tenido la suerte de ser aceptado y leído, fusilado y pirateado en medio mundo. Tiene ediciones en prácticamente todos los idiomas “civilizados” y hasta en unos rarísimos dialectos de la India y de África, donde se han enterado de Marx y de Cuba por su culpa.

 

     En Japón se dio el extraño caso de que le editaran el Hierberito Ilustrado, que contiene puras plantas mexicanas. En Nicaragua, el primer libro que editaron fue uno de Rius (sin pagarle un centavo por supuesto).

 

     A partir de su Cuba para principiantes se creó una editorial en Inglaterra, que ha venido editando una serie titulada “for beginners” (para principiantes) elaborada con el estilo que “inventó” y que se ha venido imitando en muchos países y por muchos dibujantes, en México lo mismo.

 

     Solo quisiera añadir por qué y cómo llegó al libro. Un día Quezada le dijo a Rius que éste iba a acabar haciendo novelas, pues había empezado a hacer cartones mudos, había pasado luego al cartón con textos mínimos; le había seguido con la tira cómica, luego con las historietas y finalmente estaba haciendo libros con la proporción más de textos que de dibujos… y que siguiendo ese proceso llegaría a hacer novelas sin un solo dibujo.

 

     La razón de esta degeneración profesional creo que ha sido su necesidad de compartir con los lectores, la información y chismes de los que se entera.

     Con una caricatura es difícil explicar claramente un problema político, religioso, científico, sexual, médico, nutricional, etc. Cosa que se logra mejor con la historieta, y todavía más claramente con el libro, que además, se queda y permanece para siempre y una simple caricatura de un periódico, al día siguiente de que fue publicada ya está en la basura. Rius es famoso por sus libros, no por sus trabajos en periódicos.

 

     La convivencia con la raza de los editores es siempre difícil y riesgosa. Rius lo aprendió desde Colmenares, y en el curso de su vida como autor lo comprobó en carne propia: ¡Cave editorum!

 

     Ha sufrido desde editores que tiran cinco mil ejemplares y le dicen al autor que nada más hicieron tres mil, hasta editores que negocian con editoriales extranjeras y ni le avisan al autor. Otros hay que le “jinetean” al autor sus regalías durante años y le van pagando con gotero lo que le corresponde por ley (debe ser la ley de Herodes).

 

     Porque se da la maldita tradición de que, en la lista de pagos de la editoriales, los autores vienen quedando en último lugar. Le pagan a la secretaria, al impresor, al distribuidor, al diseñador gráfico, a los vendedores, al de relaciones públicas, al del papel, al elevadorista, al personal de aseo, al de la bodega, al corrector de pruebas, al contador… y si se acuerdan le pagan al autor. ¡Y es el autor quien les da de comer a todos!, si no hubiera una obra, ¿qué demonios haría un editor?

 

     Yo creía que eso solo pasaba en México, dado nuestro subdesarrollo crónico y al parecer, perpetuo, pero no: también en el resto de países que forman este planeta, los editores son de la misma materia. Lo mismo en estados Unidos como en España, Francia, Italia, Inglaterra, Japón, Iraq o Cuba, Rius ha sido víctima del gremio editorial con libros robados, pirateados o no pagados con todo y contrato.

     La excepción, al menos para Rius, ha sido Don Juan Grijalbo, que pese a ser catalán, siempre se portó con Rius como si no fuera catalán, como su amigo. Ya no está al frente de la editorial que lleva su nombre, ya se retiró a rascarse sus partes nobles y sentimentales – dice Rius- (yo lo dudo, creo que ya hizo otra editorial).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8.2 LIBROS Y MÁS LIBROS.

 

     A continuación se muestra la lista de sus ochenta y ocho libros publicados:

 

     Cuba para principiantes, Marx para principiantes, La jóven Alemania, Lenin para principiantes, Caricaturas rechazadas, Rius en política, Rius para principiantes, A B Che, Hitler para masoquistas, El pequeño Rius ilustrado, Cristo de carne y hueso, Jesús alias el Cristo, La Biblia esa linda tontería, La panza es primero, No consulte a su médico, El yerberito ilustrado, La Revolucioncita mexicana, Compa Nicaragua, Rius a la China, El mito guadalupano, Su majestad el PRI, La iglesia de los agachados, Cómo suicidarse sin maestro, Primeras porquerías, El segundo aire, ¡Qué tal la URSS!, Manifiesto comunista ilustrado, Obras incompletas 3, La trukulenta historia del Kapitalismo, El museo de Rius, La revolución femenina, Cuba libre, Historia rapidísima de España, Almanaco, Manual del perfecto ateo, El diablo se llama Trotsky, Los dictaduros, Diabluras, Dominó para principiantes,De Posada a Quezada, Un siglo de caricatura en México, La vida de cuadritos, Palestina del judío errante al judío errado, Mao en su tinta, 100 plantas que se comen, Con perdón de Doré y de la Biblia, El hermano Sandino, Carlos de Nicaragua, Lexikon Economikon, Como dejar de comer (mal), Economía para ignorantes, El otro Rius, Guía incompleta del Jazz, Filosofía para principiantes, Quetzalcoatl no era del PRI, Kama Nostra, La iglesia y otros cuentos, La deuda y cómo no pagarla, La droga que refresca, Santoral de la Caricatura, La Perestroika, El amor en tiempos del SIDA, El cocinero vegetariano, De aborto, sexo y otros pecados, El mundo del fin del mundo, Pobrecito Japón, Tropicalese barroquerías y más turbaciones, 500 años fregados pero cristianos, toros sí toreros no, Pure de papas, Mis supermachos, Lástima de Cuba, Los comics naturistas de Rius, De músico poeta y loco, El fracaso de la educación en México, El PAN y otros males, Cada quien su Dios, La cultura no muerde, ¿Hay libertad de prensa en México?, Machismo feminismo & homosex., Publicidad T.V. y otras porquerías, ¿Quién ganó la Revolución Mexicana?, Juicio a Walt Disney, ¿De dónde vienen los niños?, Marihuana y otras debilidades y Vera historia del Tío Sam.

En el libro A, B, Ché; narra detalladamente la muerte del Ché Guevara.


 

 

 

     En la página siguiente se muestran las portadas de cuatro de sus libros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

DEL RÍO, Eduardo, Rius.

Rius para principiantes.

Editorial Grijalbo.

 

DEL RÍO, Eduardo, Rius.

Mis Supermachos.

Editorial Grijalbo.

 

DEL RÍO, Eduardo, Rius.

La Biblia, esa linda tontería.

Editorial Grijalbo.

 

DEL RÍO, Eduardo, Rius.

Cristo de Carne y hueso.

Editorial Grijalbo. Edición corregida y aumentada.

 

DEL RÍO, Eduardo, Rius.

La trukulenta historia del kapitalismo.

Editorial Grijalbo.

 

DEL RÍO, Eduardo, Rius.

La Panza es Primero.

Editorial Grijalbo.

 

AGUSTÍN, José.

Tragicomedia Mexicana 2. La vida en México de 1970 a 1988.

Editorial Planeta. Tercera edición.

Colección: Espejo de México.

 

ZAID Gabriel.

Contenido No. 408 Junio 1997.

El incansable Rius Ilustrado.

Páginas 85-87.

 

 

 

 

 

RODRÍGUEZ, Alfonso.

Lecciones de Historia de México. Tercer Grado.

Editorial Trillas.

Serie 2000.

 

CASASOLA, Gustavo.

6         Siglos de Historia Gráfica de México. 1325-1989.

Editorial Gustavo Casasola.

Tomo I.

 

CASASOLA, Gustavo.

6   Siglos de Historia Gráfica de México. 1325-1989.

Editorial Gustavo Casasola.

Tomo VI.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario